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Cuidados y atención amorosa

"Durante los tres primeros meses, el bebé recurre al llanto como principal forma de comunicación"

Capìtulo 11 - El llanto del bebé

CATEGORÍA: Cuidados y atención amorosa
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TIEMPO DE LECTURA: 8 min

En los primeros cinco minutos de vida, el llanto es uno de los signos que se valora para calcular el índice de Apgar, la puntuación atribuida a los parámetros vitales del niño. Si llora, significa que respira bien y que sus reflejos están activos. Los sollozos del bebé, unidos a sus miradas intensas, sus muecas y sus movimientos, suscitan en la persona que le cuida una ternura instintiva que se transforma en un inevitable sentido de protección. Como mínimo, durante los tres primeros meses, el bebé recurre al llanto como principal forma de comunicación, para reclamar la atención de los papás y pedir su asistencia. Llora si tiene hambre, sed, calor o frío; si siente algún dolor o molestia; si su figura de referencia se aleja de él; o si busca contacto físico o mimos. Los cachorros de algunas especies animales tienen la capacidad de permanecer separados de sus padres en espera de su llegada y no necesitan alimentarse con frecuencia. Como el resto de los primates, nosotros hemos evolucionado de forma distinta: llevamos con nosotros a nuestros pequeños y les alimentamos frecuentemente. Por esta razón, el niño llora y llama a la mamá y al papá si se le deja solo durante mucho tiempo. Por ello, el llanto suele cesar si un adulto de referencia lo coge en brazos, lo acuna, lo lleva consigo y le dedica atención. (11)

Es necesario darse tiempo para conocerse mutuamente: pueden hacer falta algunas semanas para empezar a sintonizar con el pequeño y comprender qué nos quiere decir con el llanto.

Desde los primeros días de vida, uno de los principales desafíos de los papás es, precisamente, tratar de entender este particular tipo de lenguaje, para ser capaces de acoger y satisfacer las demandas del recién nacido. No es una tarea fácil, ya que puede generar una sensación de desconcierto, llevando a la mamá y al papá a creer que no son capaces de entender y cuidar a su bebé. Sin embargo, es necesario darse tiempo para conocerse mutuamente: pueden hacer falta algunas semanas para empezar a sintonizar con el pequeño y comprender qué nos quiere decir con el llanto. Nunca hay que dejarse llevar por la ansiedad e intentar hacerle callar lo antes posible, “tapándole” la boca con el chupete o con el pecho: así, no solo nos arriesgamos a no consolarle, sino que, además, acabamos por no responder a su necesidad real. Es mejor cogerle en brazos, hacerle entender que estamos con él y observarle para intentar averiguar el motivo de su inquietud. El llanto siempre requiere una res-puesta: ignorarlo para no “malacostumbrarle” es contraproducente. Es cierto que, a la larga, el pequeño deja de llorar y aprende a consolarse solo, pero corre el riesgo de convertirse en un niño poco comunicativo y un adulto inseguro.

Sin embargo, algunas veces, el llanto es inconsolable y no se puede hacer otra cosa que estar ahí, intentando mantener la calma, para evitar que el niño perciba el nerviosismo de sus papás, se inquiete a su vez y se desencadene un círculo vicioso. Si, a pesar de atender a sus necesidades y tomar todas las medidas habituales para calmarle, el niño llora durante mucho tiempo de forma inconsolable o de un modo distinto a como lo hace normalmente, es oportuno consul-tar al pediatra para que investigue las posibles causas de su malestar. Existen diferentes tipos de llanto, difícilmente clasificables, puesto que cada niño se comunica de forma distinta, y también porque se pueden asociar a más de una causa al mismo tiempo. Únicamente quien está con él día y noche, con el tiempo, sabrá reconocer y distinguir las causas.

No obstante, algunas formas de llanto son muy específicas y se distinguen claramente.

TIENE HAMBRE: es el llanto más fácil de reconocer, porque es soste-nido, fuerte e intenso. Puede empezar gradualmente o de repente, cuan-do generalmente el niño tiene los ojos cerrados, sin lágrimas, y cierra los puños fuertemente sobre el pecho para después abrir y cerrar los brazos. El llanto es una señal de hambre tardía que debe satisfacerse lo antes po-sible, para evitar que el estado de excitación del pequeño le impida succio-nar correctamente, lo que aumentaría su desesperación. Se recomienda alimentar al bebé a demanda, observándole para comprender cuáles son las señales inequívocas de hambre: la lengua choca con el paladar o los labios se mueven como si estuviera chupando, sacude la cabecita como buscando el pecho y, poco antes del llanto, se lleva las manitas a la boca y empieza a chuparse el dedo o la muñeca.

TIENE SUEÑO: empieza como un lamento. El niño está inquieto, lloriquea y se agita como si no encontrase la posición adecuada. Coger-le en brazos y mecerle dulcemente le suele calmar: sus movimientos se reducen, su ritmo cardíaco se ralentiza y acaba conciliando el sueño. Sin embargo, una vez puesto en la cuna, no es raro que vuelva a llorar. En este caso, se puede probar el método piel con piel, que ha demos-trado que, entre otras cosas, tiene un efecto analgésico muy eficaz para calmar a los niños, incluso después de una vacuna o una extrac-ción de sangre. (12) Cada niño tiene sus preferencias: algunos prefieren ser mecidos con un ritmo más enérgico, mientras que otros adoran la tranquilidad; unos quieren caricias y a otros les basta el contacto y no les gusta que les manipulen demasiado. Hay que aprender a conocer sus preferencias y adaptarse a ellas. En los primeros meses, muchos be-bés se tranquilizan cuando se les envuelve en una faja o un arrullo, si se les mece con un movimiento rítmico, con la barriguita apoyada en el cuerpo del adulto, y si escuchan una voz familiar que emite sonidos sibilantes como “shhh”. (13) Ciertamente, los niños son capaces de per-cibir la implicación emocional del adulto que les cuida. Si les acuna una persona que los mira con expresión neutra, que no habla ni canta, o, peor aún, lo hace mientras mira la pantalla de un móvil, se sienten a disgusto. Así pues, es importante que el adulto cansado o nervioso pida ayu-da a otra persona para cuidar del pequeño mientras descansa, para volver a ocuparse de él con fuerzas y entusiasmo renovados. (14)

LE DUELE ALGO: el llanto por dolor agudo, como en el caso de una contusión o una reacción a una vacuna, es fuerte y repentino; después, es menos intenso; y finalmente, pasa. En este caso, basta con coger al bebé en brazos, mimarle y consolarle con palabras dulces y voz calmada. En cambio, en caso de cólicos, el llanto a veces es inconsolable: se pre-senta repentinamente, el niño se pone rojo y encoge las piernas. Suele ocurrir por la tarde o por la noche, con regularidad, entre el inicio del pri-mer mes y el final del tercero. No hay mucho que los papás puedan hacer, aparte de buscar inspiración en los consejos contenidos en el capítulo dedicado al sueño.

ESTÁ NERVIOSO: es similar al llanto por sueño, pero al niño le cues-ta dormirse. Está especialmente tenso, inquieto y perturbado, y llora de forma intermitente. Podría tener calor o frío, irritación o, simplemente, sentirse mal porque el pañal está sucio. Después de excluir todas estas ra-zones, la única solución es dejar que se desahogue, permaneciendo a su lado y haciéndole notar nuestra presencia tranquilizadora.

11 G. Esposito et al., Infant Calming Responses during Maternal Carrying in Humans and Mice, «Current Biology», 23, 2013, pp. 739-745

12 L. Gray et al., Skin-to-skin contact is analgesic in healthy newborns, «Pediatrics», 105, 2000, n.1

13 E. L. Möller et al., Infant crying and the calming response: Parental versus mechanical soothing using swaddling, sound, and movement, «PLoS One», 14, 2019, n. 0214548

14 R. C. White-Traut et al., Salivary cortisol and behavioral state responses of healthy newborn infants to tactile-only and multisensory interventions, «Journal of Obstetric, Gynecologicand Neonatal Nursing», 38, 2009, pp. 22-34

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