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Cuidados y atención amorosa

"El baño debería ser una rutina agradable y relajante"

Capìtulo 4 - El mágico momento del baño

CATEGORÍA: Cuidados y atención amorosa
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TIEMPO DE LECTURA: 3 min

El baño es mucho más que una actividad de higiene rutinaria. Normalmente, el contacto con el agua es, sobre todo, un placer, una ocasión de relajación, un verdadero ritual de bienestar en el que el niño recupera las sensaciones experimentadas cuando estaba en la barriga de su mamá, suspendido en el calor del líquido amniótico. Acompañado del tranquilizador contacto de la mamá y el papá, el niño recibe estímulos a través del baño para explorar el ambiente y las distintas partes de su cuerpo, adquiriendo conciencia de ellas poco a poco. Pero también es un momento de juegos y mimos con los papás, repleto de emociones y experiencias sensoriales.

Sin embargo, no todos los niños se sienten a gusto en el agua, sobre todo en las primeras semanas. Algunas veces, el bebé llora y se pone rígido: podría no estar preparado, tener frío o, simplemente, notar una cierta inseguridad por parte de la persona que lo sostiene.

El baño debería ser una rutina agradable y relajante. Si hay tensión o preocupación, el pequeño lo nota. Así, para que todos se sientan a gusto, hay que estar bien preparados y organizados, pero, sobre todo, tener buena disposición.

En primer lugar, hay que elegir los accesorios adecuados para el ambiente doméstico. En el mercado, existen diferentes soluciones. Las más clásicas son las cómodas con cajones provistas de un cambiador acolchado y extraíble en su superficie, en cuyo interior se encuentra la bañerita. Se trata de un concepto dos en uno que también se encuentra en los modelos más ligeros, plegables, que se pueden tener incluso en el baño de la casa, colocándolos encima de los sanitarios. Por otro lado, si se prefiere separar el momento del baño del cambio de pañal, se puede optar por una bañera que se coloca encima de la bañera grande o sobre el plato de ducha, específicamente provista de soportes de elevación, y después desplazarse hasta el cambiador con el bebé bien envuelto en su capa de toalla. Como alternativa a la bañerita, es posible elegir accesorios/soportes (algunos, flotantes) que permiten utilizar directamente la bañera de casa. Otra solución alternativa son las bañeras verticales en forma de cubo, que permiten al niño permanecer en una posición que le resulta muy familiar, pero que no facilitan el acceso a todas las partes de su cuerpo. Por último, existen modelos de bañeras plegables o hinchables, ideales para viajar.

Desde el punto de vista higiénico, el baño no debería realizarse todos los días. Mientras el niño no empiece a ensuciarse de verdad, es decir, cuando gatee y coma purés, el hecho de bañar al bebé todos los días no solo no es necesario, sino que puede deshidratar su piel.

A continuación, se debe preparar el ambiente, asegurándose de que la iluminación no sea demasiado fuerte, que la temperatura sea adecuada – al menos 22 ºC – y que el agua esté agradablemente caliente, alrededor de 37 ºC. La temperatura siempre debe comprobarse sumergiendo un codo o, mejor aún, utilizando un termómetro específico.

Para preparar el contacto del niño con el agua, se le puede hablar con un tono de voz tranquilo, explicándole lo que está sucediendo, sonriendo y estableciendo un contacto visual próximo.

Durante el baño, los papás deben sostener al bebé de manera segura y relajada, sobre todo en los primeros meses, cuando el pequeño se baña en posición horizontal. El cuello y la cabeza del bebé siempre deben estar bien sujetos, y la vigilancia debe ser continua, para evitar el peligro de que pueda deslizarse y sumergirse en el agua. Los movimientos del adulto deben ser lentos y cuidadosos, con el fin de evitar salpicaduras de agua o jabón que podrían molestar al niño, estropeando la magia del momento.

Antes de empezar, hay que tener todo lo necesario a mano: productos de higiene, esponja, algún juguetito y la capa de baño, para poder envolver al bebé nada más salir del agua y hacer que se sienta protegido y calentito. Cuando se le haya trasladado al cambiador, es importante secarle, sin frotar con la toalla, y prestando una especial atención a los pliegues cutáneos.

No existe un horario ideal para el baño, aunque la experiencia sugiere que el momento más adecuado es a última hora de la tarde o por la noche, para favorecer el sueño.

Desde el punto de vista higiénico, el baño no debería realizarse todos los días. Mientras el niño no empiece a ensuciarse de verdad, es decir, cuando gatee y coma purés, el hecho de bañar al bebé todos los días no solo no es necesario, sino que puede deshidratar su piel. Lo aconsejable es efectuarlo una o dos veces a la semana. Cuando el tiempo es más cálido y húmedo, se puede aumentar la frecuencia del baño y usar almidón de arroz para refrescar al niño.

Para el aseo diario, basta con lavarle durante el cambio de pañal y limpiarle, cada vez que sea necesario, la cara, el cuello y las manos, cuidando especialmente la zona de los pliegues.

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