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El desarrollo armónico del niño

"Algunas conexiones del sistema nervioso le permiten realizar movimientos involuntarios que son funcionales para su supervivencia y su adaptación"

Capìtulo 2 - Los reflejos neonatales

CATEGORÍA: El desarrollo armónico del niño
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TIEMPO DE LECTURA: 6 min

Cuando nace, el sistema nervioso de un niño no es una tabula rasa. Ha tenido nueve meses para desarrollarse durante la vida intrauterina, de acuerdo con un modelo plasmado por centenares de miles de años de evolución. Además, a través del cuerpo de la mamá, ya ha entrado en contacto con el ambiente al que deberá adaptarse. Algunas conexiones del sistema nervioso le permiten realizar movimientos involuntarios que son funcionales para su supervivencia y su adaptación. Al mismo tiempo, estos constituyen señales de su correcto desarrollo: son los reflejos innatos. (3)

El neonatólogo comprueba que están presentes cuando explora al pequeño en las primeras horas de vida, mientras que el pediatra los controla durante el crecimiento. Con el paso de los meses, estos reflejos, regulados por el sistema nervioso periférico, se desvanecen poco a poco, al ritmo de la maduración del cerebro, y dan paso a los movimientos voluntarios. La primera acción que el recién nacido deber realizar al nacer es, naturalmente, la de respirar. A través de los primeros gemidos, el aire entra en los pulmones y los expande, activando la respiración autónoma. A partir de este momento, da comienzo la circulación corazón-pulmones: el ritmo cardíaco puede llegar a 180 latidos por minuto. Al nacer, deben estar presentes otros reflejos. Los principales también pueden ser reconocidos por los papás. (4)

  • REFLEJO DE MORO: apoyando al bebé boca arriba sobre una superficie horizontal, elevándolo unos centímetros con una mano debajo de la cabeza y la otra, debajo de los hombros, y soltándole seguidamente con un movimiento repentino, el niño reacciona a la sensación de caída estirando los brazos, como si intentase encontrar un apoyo más amplio para mantenerse en equilibrio.
  • REFLEJO DE SUCCIÓN: si se le estimula una mejilla, el bebé gira la cabeza, intenta alcanzar el dedo y abre la boca para chupar. Es el reflejo que permite al niño orientarse y encontrar el pezón de la mamá cuando ella le acerca a su pecho.
  • REFLEJO DE BÚSQUEDA: es el reflejo de los puntos cardinales (search reflex). Este reflejo suele valorarse en combinación con el reflejo de succión, puesto que ambos están conectados funcionalmente en materia de búsqueda de alimento. De hecho, este reflejo ayuda al bebé a localizar su fuente de alimentación y, después, el reflejo de succión le permite ingerir la leche. La rotación de la cabeza asociada a este reflejo también suele estar presente en otros reflejos, como el del enderezamiento de la cabeza o del cuerpo (head-righting & body righting reflexes). En este caso, la persistencia o la ausencia del reflejo podría indicar una disfunción del sistema nervioso central o del sistema sensorial motor. La respuesta a este reflejo se obtiene dando pequeños golpecitos en la zona del rostro, junto a los labios, provocando la rotación de la cabeza en la dirección del estímulo.
  • REFLEJO DE ARRASTRE AL PECHO: en el reflejo de arrastre, crawling (arrastre en decúbito prono), el recién nacido colocado boca abajo flexiona las piernas debajo del cuerpo y empieza a reptar hacia delante. Este reflejo suele producirse en los primeros treinta minutos después del parto, cuando el bebé se apoya sobre el abdomen de la madre y, poco a poco, “se arrastra” hacia el pecho.
  • REFLEJO DE BABINSKI: este reflejo se observa normalmente al nacer, y suele estar presente hasta los seis meses del bebé. Se observa cuando se le acaricia la planta del pie y el pequeño responde, al principio, abriendo los dedos de los pies en forma de abanico, y cerrándolos después. El reflejo de Babinski hace las veces de un test preciso y fiable de las disfunciones del tracto piramidal, como indicador de la capacidad para realizar movimientos conscientes o voluntarios. En cambio, son expresiones de irritabilidad, y deben considerarse patológicas, la manifestación espontánea del mismo reflejo o su evocación demasiado fácil.
  • REFLEJO PALMA-BARBILLA Y PALMA-MANDÍBULA: normalmente, estos reflejos están presentes al nacer y provocan una respuesta facial cuando se estimulan las palmas de las manos. El reflejo palmabarbilla se observa aplicando una presión simultánea en las palmas de las manos, pudiéndose obtener todas o una de las siguientes respuestas: apertura de la boca, cierre de los ojos, flexión del cuello e inclinación de la cabeza hacia delante. El reflejo palmamandíbula se observa cuando, al rascar ligeramente las palmas de las manos, el maxilar inferior del bebé se abre y se cierra. Por regla general, estos reflejos desaparecen alrededor de los tres meses. Muchos especialistas creen que el reflejo palmabarbilla equipara al ser humano con algunos animales, puesto que les ayuda a mantenerse unidos a sus madres cuando comen.
  • REFLEJO DE PRENSIÓN PALMAR Y PLANTAR: poniendo un dedo o un objeto en la palma abierta de la mano del bebé por el lado del meñique, el pequeño agarra el objeto. Se obtiene una respuesta equivalente, si bien con una calidad diferente al movimiento de prensión, cuando se presiona con el pulgar sobre la planta del pie, en la zona del nacimiento de los dedos. A partir de los tres meses, este reflejo tiende a desaparecer y es sustituido por la prensión voluntaria.
  • REFLEJO DE DEAMBULACIÓN O REFLEJO DE MARCHA: elevando al bebé en posición vertical, sosteniéndole por debajo de las axilas y apoyando sus pies sobre una superficie horizontal, el pequeño empieza a mover las piernas, una después de la otra, simulando que está caminando. Por supuesto, no significa que sea capaz de andar a esta edad, pero su sistema nervioso se ejercita y activa conexiones y músculos que le servirán, unos meses más tarde, para dar los primeros pasos voluntariamente.
  • REFLEJO TÓNICO DEL CUELLO: apoyando al bebé boca arriba sobre una superficie horizontal, con las piernas y los brazos junto al cuerpo, y girando su carita hacia un lado con delicadeza, el bebé estira la pierna y el brazo del mismo lado del cuerpo. Probablemente, este reflejo también se desarrolló con una función protectora: evitar que el pequeño pueda rodar si la superficie sobre la que se apoya se inclina.
  • REFLEJO DEL “ESPASMO DEL PÁRPADO”: el bebé cierra los ojos cuando oye un ruido fuerte o recibe el impacto de una luz intensa. Es la respuesta de protección que le acompañará durante toda su vida.

3  L. Pavone e M. Ruggieri, Neurologia pediatrica (Neurología pediátrica), Elsevier, 2001

4  Y. Futagi et al., The grasp reflex and moro reflex in infants: hierarchy of primitive reflex responses, «International Journal of Pediatrics», 2012, n. 191562

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