Artículos científicos
Las mil formas de la lactancia: un viaje entre culturas, tradiciones y ciencia
Un recién nacido nace con las mismas necesidades biológicas en Milán, en Tokio, en Nairobi o en Ciudad de México. Sin embargo, el modo en que es nutrido durante el primer año de vida puede ser profundamente diferente.
La leche materna es un producto biológico regulado por sofisticados mecanismos neuroendocrinos; la lactancia, en cambio, es también un comportamiento influenciado por el contexto social y cultural. Alrededor del pecho y de la nutrición se han desarrollado rituales, creencias, tabúes, prescripciones alimentarias y modalidades de cuidado que cambian en relación con la geografía, la religión, la estructura familiar, las condiciones socioeconómicas y la organización de los sistemas sanitarios.
La ciencia permite definir las necesidades nutricionales y las condiciones que favorecen la salud y el crecimiento del niño. El modo en que estas necesidades son interpretadas y satisfechas depende, sin embargo, también de la cultura, de la familia, de las condiciones económicas, del trabajo de los padres y del acceso a los servicios sanitarios. Es precisamente la interacción entre estos factores lo que hace de la alimentación del primer año un campo particularmente interesante de la medicina transcultural.

La primera leche: una misma función biológica, diferentes significados
El calostro es la primera secreción mamaria producida tras el parto. Es producido inicialmente en cantidades relativamente pequeñas y es rico en inmunoglobulinas, lactoferrina, células inmunitarias y numerosos otros componentes bioactivos.
Desde el punto de vista antropológico, sin embargo al calostro se le han atribuido significados muy diferentes.
Estudios etnográficos, algunos de los cuales realizados hace varias décadas, han documentado poblaciones en las cuales el inicio de la lactancia se retrasaba y al recién nacido se le administraban alimentos o líquidos prelactancia. Las motivaciones podían incluir creencias relativas a la calidad del calostro, rituales de nacimiento o la idea de que la primera leche aún no era adecuada para el niño. Estos datos deben ser interpretados en su contexto histórico y geográfico: no describen necesariamente las prácticas actuales de las poblaciones estudiadas. Sin embargo, siguen siendo un ejemplo particularmente interesante de cómo una misma función biológica puede recibir interpretaciones culturales muy diferentes.
África subsahariana: una pluralidad de prácticas
Hablar de “lactancia africana” sería impropio. El África subsahariana comprende miles de comunidades con tradiciones, religiones, estructuras familiares y condiciones socioeconómicas profundamente diferentes.
En algunas poblaciones estudiadas, el cuidado del recién nacido involucra tradicionalmente una red familiar más amplia en la cual abuelas, hermanas, otras mujeres de la familia y miembros de la comunidad pueden participar en la transmisión de los conocimientos e influenciar las decisiones relativas a la alimentación infantil.
En contextos específicos también se han documentado prácticas de alimentación prelactancia, con administración de agua, infusiones, miel u otros alimentos antes o junto con el inicio de la lactancia. La frecuencia y el significado de estas prácticas varían considerablemente entre comunidades y pueden estar asociados a rituales, a la percepción de que el recién nacido tiene sed o a creencias relativas al calostro y a la calidad de la leche.
También la duración y la exclusividad de la lactancia varían considerablemente entre países y poblaciones. Por lo tanto, es importante distinguir entre la continuación de la lactancia y la exclusividad: según la definición de la Organización Mundial de la Salud, un niño que recibe agua u otros alimentos y bebidas ya no es considerado exclusivamente amamantado.
Asia meridional: familia, tradiciones y decisiones compartidas
India, Bangladés, Nepal y Pakistán comprenden poblaciones, religiones y tradiciones muy diversas; por lo tanto, no existe un único modelo sudasiático de lactancia.
Sin embargo, estudios antropológicos y cualitativos realizados en comunidades específicas han documentado situaciones en las que las decisiones relativas a la madre y al recién nacido involucran a varios miembros de la familia.
En algunas familias, las abuelas maternas o paternas pueden desempeñar un papel importante en la transmisión de las prácticas posparto, en los consejos sobre la alimentación materna y en las decisiones relativas a la lactancia y a la introducción de los alimentos complementarios.
En diferentes tradiciones de Asia meridional también se han descrito clasificaciones culturales de los alimentos. En diferentes tradiciones de Asia meridional también se han descrito clasificaciones culturales de los alimentos según conceptos relacionados, aunque con significados diferentes de una comunidad a otra, con las categorías de «caliente» y «frío». Estas clasificaciones no corresponden a las categorías de la ciencia moderna de la nutrición, pero pueden influir concretamente en las elecciones alimentarias. Para el profesional sanitario se vuelve entonces importante comprender no solo qué come una madre, sino también qué significado atribuye a esas elecciones.
China: alimentación y tradiciones del período posparto
En diferentes comunidades chinas, el período posterior al parto se asocia tradicionalmente con el zuo yuezi, un conjunto de prácticas posparto que puede incluir reposo, protección contra el frío e indicaciones alimentarias específicas. Sin embargo, las modalidades con las que estas prescripciones son interpretadas y aplicadas varían entre regiones, familias y generaciones, y se han transformado con el tiempo.
Caldos, sopas, huevos, carne y otros alimentos pueden ser aconsejados con el objetivo de favorecer la recuperación materna o sostener la producción de leche. Algunos alimentos son considerados tradicionalmente galactogogos.
Sin embargo, en el plano fisiológico, la producción de leche está regulada por mecanismos endocrinos y, sobre todo, tras el inicio de la lactancia, por la frecuencia y la eficacia de la extracción de la leche de la mama. Una alimentación adecuada sigue siendo importante para la salud y el estado nutricional de la mujer, pero no es correcto atribuir automáticamente a un solo alimento un efecto galactogogo específico en ausencia de evidencias adecuadas.
La diferencia entre tradición terapéutica y farmacología basada en la evidencia resulta particularmente interesante.
Japón: cuando la lactancia se convierte en un patrimonio familiar
También en Japón las prácticas relativas a la maternidad y a la alimentación infantil han cambiado considerablemente con el tiempo y pueden variar entre familias y generaciones.
El involucramiento familiar en la preparación de las comidas y en el apoyo a la madre puede influir en la experiencia del período posparto.
Una dimensión cultural particularmente reconocible se refiere a la alimentación complementaria, indicada con el término rinyūshoku. La progresión de los alimentos se adapta generalmente a las capacidades del niño, con modificaciones graduales de consistencia y variedad.
Arroz, verduras, pescado, tofu y otros alimentos pertenecientes a la cocina familiar pueden incorporarse progresivamente a la alimentación del niño según modalidades compatibles con la edad, el desarrollo y la seguridad alimentaria.
De este modo, la alimentación complementaria representa no solo una transición nutricional, sino también uno de los primeros encuentros del niño con la cultura alimentaria de su propia familia.
Medio Oriente y mundo islámico: religión, cultura y alimentación
En las comunidades musulmanas, la lactancia también puede asumir una dimensión religiosa. El Corán hace de hecho referencia a un período de dos años para la lactancia completa, contribuyendo a dar a la lactancia prolongada un significado que no es exclusivamente nutricional.
La práctica concreta varía naturalmente entre países y familias, pero la religión y la cultura pueden influir en la duración de la lactancia, la organización del cuidado y la alimentación materna.
Paralelamente, en poblaciones específicas se han descrito prácticas tradicionales relativas al calostro, a la alimentación prelactancia y a la dieta materna.
Posteriormente, la alimentación complementaria se integra en las diferentes tradiciones gastronómicas locales. Cereales, legumbres, yogur y otros lácteos, fruta, verduras, huevos y carne pueden incorporarse progresivamente a la dieta del niño.
La ciencia nutricional no requiere de hecho una cocina universal: requiere alimentos nutricionalmente adecuados, seguros, suficientemente variados y apropiados para el desarrollo del niño.
América Latina: tradición y transformación
Estudios realizados en diferentes comunidades han mostrado cómo en muchas áreas de América Latina, los conocimientos relativos al embarazo, al puerperio y a la alimentación infantil pueden transmitirse entre generaciones. En algunas familias, madres, abuelas y otras figuras de la red familiar pueden influir en las elecciones relativas a la lactancia y a la alimentación complementaria.
Paralelamente, la urbanización, las migraciones, los cambios en el empleo femenino, las transformaciones de la estructura familiar y una mayor disponibilidad de alimentos industriales han modificado muchos comportamientos alimentarios.
Tradición y modernidad no se sustituyen necesariamente. En su lugar, pueden producir modelos híbridos en los cuales la leche materna, la leche extraída, la fórmula cuando se utiliza, los alimentos industriales infantiles y las preparaciones de la cocina familiar conviven durante el primer año de vida.
Oceanía y poblaciones indígenas: alimentación, identidad y colonización
En diversas poblaciones indígenas de Australia, Nueva Zelanda y las islas del Pacífico, el embarazo, el nacimiento, la alimentación y el cuidado de los niños se han integrado históricamente en redes familiares y comunitarias y pueden adquirir significados que van más allá de la mera nutrición.
La colonización y las sucesivas transformaciones sociales han interferido, con diferentes modalidades en las distintas poblaciones, con la transmisión intergeneracional de conocimientos y prácticas vinculadas a la maternidad y a la alimentación infantil. Por este motivo, en tales contextos la promoción de la lactancia puede requerir no solo información nutricional, sino servicios culturalmente seguros y la participación de las comunidades interesadas.
Europa: ¿menos tradición, más sistema sanitario?
La comparación con Europa es particularmente interesante. A primera vista, los países europeos podrían parecer mucho más uniformes en comparación con otras áreas del mundo. En realidad no es así.
Los datos disponibles muestran diferencias considerables entre países en la prevalencia de la lactancia, en su duración, en la lactancia exclusiva y en las políticas de apoyo.
Una encuesta realizada en 11 países europeos ha revelado diferencias importantes en el porcentaje de niños aún amamantados y en la lactancia exclusiva a los seis meses.
Las diferencias no dependen únicamente de las preferencias individuales. En los países nórdicos, el permiso parental y el apoyo institucional han creado históricamente condiciones favorables para la continuación de la lactancia. En otros países, el regreso al trabajo, las modalidades de asistencia sanitaria, el soporte profesional y las normas sociales pueden influir más fuertemente en su duración.
Por lo tanto, la cultura de la lactancia no se manifiesta necesariamente a través de rituales tradicionales. También puede expresarse a través de expectativas sociales relativas a los intervalos entre tomas, al control del peso, al uso del sacaleches y a la percepción del desempeño materno.
¿Y Italia?
Italia ocupa una posición particularmente interesante porque conserva una fuerte cultura alimentaria familiar, pero al mismo tiempo ha incorporado una creciente medicalización de la primera infancia. La lactancia está respaldada por las recomendaciones sanitarias, pero su duración varía en relación con factores socioeconómicos, territoriales, educativos y laborales.
Cuando se llega a la alimentación complementaria, emergen características aún más reconocibles. La cocina italiana ofrece un patrimonio extremadamente amplio de cereales, legumbres, verduras, fruta, aceite de oliva virgen extra, pescado, huevos y otras fuentes proteicas. Sin embargo, en la práctica contemporánea, la introducción de los primeros alimentos suele ir acompañada de productos específicos para la infancia, purés, harinas y preparaciones industriales.
Un estudio italiano realizado en 2.023 familias reveló que la alimentación complementaria se inicia generalmente entre el quinto y el sexto mes; el 77 % de las familias utilizaba predominantemente preparaciones líquidas o semilíquidas caseras o alimentos industriales para la infancia.
Más que hablar de un único “destete italiano”, es por lo tanto apropiado describir una pluralidad de recorridos: preparaciones tradicionales, alimentos específicos para la infancia, texturas progresivamente modificadas y alimentos de la mesa familiar pueden utilizarse según diferentes modalidades.
El verdadero desafío de la medicina transcultural
La investigación sobre la lactancia muestra que la cultura no es un elemento accesorio de la nutrición infantil. Es uno de los componentes del entorno en el que esta tiene lugar.
Tradiciones, religión, familia, disponibilidad de alimentos, condiciones económicas, trabajo de los padres y sistemas sanitarios pueden modificar concretamente la experiencia de la alimentación durante el primer año.
La medicina basada en la evidencia ofrece parámetros compartidos: crecimiento, idoneidad nutricional, seguridad alimentaria, desarrollo y prevención de carencias. La antropología y las ciencias sociales ayudan en cambio a comprender por qué una familia toma determinadas decisiones y qué significado les atribuye.
Una atención pediátrica culturalmente competente nace de la integración de estas perspectivas. No se trata de elegir entre ciencia y tradición ni de considerar automáticamente beneficiosa o dañina una práctica por el hecho de ser tradicional. Es necesario distinguir las prácticas culturalmente significativas y compatibles con la salud de aquellas que requieren adaptaciones o que pueden comportar un riesgo.
Porque las formas de la lactancia pueden ser mil, pero el objetivo clínico sigue siendo común: ofrecer a la madre, al niño y a la familia un recorrido nutricional seguro, adecuado y respetuoso de su contexto biológico, social y cultural.
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