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Artículos científicos

Reconocer las señales de sueño en el bebé: señales tempranas, tardías y de cansancio excesivo

Reconocer cuándo el niño necesita dormir es fundamental. Permite intervenir en el momento más favorable para acompañarle hacia el sueño. Las señales se pueden distinguir en señales tempranas, señales tardías y señales de sobrecansancio. Esta clasificación no es rígida: cada niño puede manifestar señales diferentes y su aparición puede variar según la edad, el temperamento, la calidad del sueño de la noche anterior y el nivel de estimulación ambiental.

En el periodo neonatal, de forma orientativa desde el nacimiento hasta los 28 días de vida, el sueño se caracteriza por una marcada inmadurez de los sistemas de regulación neurofisiológica. El recién nacido alterna periodos de sueño y vigilia sin haber desarrollado aún un ritmo circadiano consolidado; por este motivo, más que observar horarios preestablecidos, es útil aprender a reconocer los cambios en el estado comportamental. Las señales de somnolencia se pueden distinguir, de manera orientativa, en señales tempranas, señales tardías y señales de sobrecansancio. Esta distinción es útil porque permite intervenir cuando el recién nacido está empezando a reducir el nivel de vigilancia, antes de que alcance un estado de marcada irritabilidad o desorganización comportamental.

Señales tempranas de somnolencia

Las señales tempranas indican que el recién nacido o el niño está empezando a reducir el nivel de vigilancia y su interés hacia el entorno. Este es generalmente el momento más favorable para empezar a prepararlo para el sueño.

Reducción de la receptividad y del interés

El niño puede responder más lentamente a la voz, al contacto o a los estímulos en comparación con unos minutos antes. El rostro puede parecer menos expresivo y el interés hacia lo que ocurre a su alrededor puede disminuir progresivamente. En el recién nacido este cambio puede ser muy sutil: puede parecer menos vigilante, interrumpir la interacción o mostrar menor interés por el rostro y la voz del cuidador. En el niño más mayor puede manifestarse como una reducción de la participación en el juego, de la capacidad de mantener la atención o del interés hacia personas y objetos.

Reducción o interrupción del contacto visual

El recién nacido, cuando está suficientemente maduro para mantener la mirada en el rostro del cuidador, puede interrumpir más frecuentemente el contacto visual o desviar la mirada. En el niño más mayor puede mirar menos frecuentemente al progenitor, girar la cabeza o dirigir la mirada hacia otro lado, especialmente cuando un estímulo es especialmente absorbente.

Mirada fija o aparentemente ausente

Especialmente en el recién nacido, puede aparecer una mirada fija, como si el niño observara un punto sin mostrar un interés particular por lo que ocurre a su alrededor. Esto puede acompañar la transición hacia un estado de menor vigilancia.

Reducción de la actividad motora

Los movimientos espontáneos pueden volverse menos frecuentes, más lentos o menos organizados.
En el recién nacido la reducción de la actividad puede ser especialmente evidente durante la transición de la vigilia a la somnolencia; en el niño más mayor puede manifestarse como una ralentización general o una menor participación en las actividades.

Bostezo

El bostezo puede aparecer durante la transición de la vigilia a la somnolencia. Es una señal fácil de reconocer, pero no es específica y no debe utilizarse por sí sola para determinar que el niño necesita dormir.

Búsqueda de contacto y consuelo

Con el aumento de la somnolencia, el niño puede buscar más la cercanía del cuidador, deseando ser cogido en brazos, contenido o acompañado con estímulos reducidos. En el recién nacido puede volverse más tranquilo cuando se le mantiene cerca, contenido o acompañado en un ambiente tranquilo. En el niño más mayor puede aumentar la petición de contacto físico, abrazo, balanceo o cercanía.

Búsqueda de succión

En el recién nacido puede aumentar la búsqueda del pecho o manifestarse un comportamiento de succión. Sin embargo, es importante distinguir la petición de alimentación de la succión utilizada principalmente para consuelo y regulación. En el niño más mayor puede aumentar la búsqueda del pecho o del chupete como modalidad de consuelo y autorregulación, cuando estos forman parte de sus hábitos.

 

Señales tardías de somnolencia

Cuando la somnolencia aumenta, las señales se vuelven generalmente más evidentes. El niño puede tener mayor dificultad para mantener un estado de calma y para pasar serenamente de la vigilia al sueño.

Irritabilidad

El niño puede volverse más fácilmente perturbable, frustrable o intolerante a los estímulos. En el recién nacido puede manifestarse como una mayor reactividad y dificultad para mantener un estado de relativa tranquilidad.

Lamentos, quejidos y llanto intermitente

Pueden aparecer vocalizaciones de protesta, lamentos, quejidos o breves episodios de llanto. En el niño más mayor el llanto puede volverse progresivamente más frecuente cuando el cansancio aumenta.

Frotamiento del rostro y de los ojos

El niño puede llevar las manos al rostro, a los ojos o a la nariz y frotarse repetidamente. Es un comportamiento compatible con el cansancio, pero no es específico de la somnolencia y debe interpretarse junto con las demás señales.

Aumento o desorganización de los movimientos

Con el aumento del cansancio, la actividad motora puede volverse menos fluida y más desorganizada. En el recién nacido pueden aparecer movimientos más frecuentes o menos organizados de brazos y piernas; en el niño más mayor pueden aumentar la inquietud, los movimientos repetitivos o la dificultad para estar quieto.

Disminución de la capacidad de atención

El niño puede esforzarse para mantener el interés hacia una actividad, cambiar rápidamente de estímulo o interrumpir el juego. En el recién nacido esto puede aparecer simplemente como una progresiva pérdida de interés hacia la voz, el rostro o los estímulos visuales.

Mayor sensibilidad a los estímulos

La luz, los ruidos, el movimiento, la manipulación o las interacciones prolongadas pueden volverse difíciles de tolerar. El niño puede reaccionar de forma más intensa a estímulos que, cuando estaba descansado, conseguía gestionar sin dificultad.

Aumento de la búsqueda de consuelo

Puede aumentar la necesidad de ser cogido en brazos, contenido, mecido o tranquilizado. Algunos niños pueden buscar más la succión como modalidad de autorregulación.

Llanto

El llanto puede aparecer cuando el cansancio ya es significativo. No debe considerarse la principal señal que se debe esperar para iniciar la preparación para el sueño.

 

Señales de sobrecansancio o fatiga excesiva

Cuando las primeras señales no se reconocen y el periodo de vigilia se prolonga más allá de la capacidad del niño para autorregularse, puede aparecer un estado de sobrecansancio y mayor activación comportamental. Es importante saber que el niño sobrecansado no parece necesariamente más somnoliento. Por el contrario, puede volverse más activo, irritable, agitado y difícil de calmar.

Agitación motora marcada

El niño puede mover continuamente los brazos y las piernas, dar patadas, ponerse rígido o mostrar una fuerte inquietud. En el recién nacido pueden aparecer movimientos rápidos y poco organizados de las extremidades y dificultad para mantener una postura tranquila.

Irritabilidad y llanto intenso

La irritabilidad puede aumentar rápidamente y el llanto puede convertirse en el comportamiento predominante, resultando más difícil de interrumpir. En el recién nacido también pueden aparecer lamentos intensos y dificultad para mantener la calma.

Dificultad para la consolación

El niño puede responder de forma menos eficaz a las modalidades habituales de consuelo, como el contacto físico, la contención, el balanceo o la succión. Esto no significa necesariamente que el cuidador esté utilizando una modalidad de consuelo no adecuada: en un estado de sobrecansancio el niño puede tener simplemente mayor dificultad para reducir su propio nivel de activación.

Hiperreactividad a los estímulos

Los ruidos, la luz, el movimiento, el contacto o la manipulación pueden provocar respuestas muy intensas. Un ambiente demasiado estimulante puede, por tanto, hacer aún más difícil la relajación y el adormecimiento.

Comportamiento aparentemente “hiperactivo”

Especialmente en el niño más mayor, el cansancio excesivo puede manifestarse de forma aparentemente paradójica: el niño puede parecer de repente muy enérgico, agitado o “cargado”, alternando momentos de intensa actividad e irritabilidad. Este comportamiento no significa necesariamente que el niño no tenga sueño.

Rigidez o variaciones del tono muscular

En el recién nacido, durante el llanto o la agitación, pueden aparecer rigidez de las extremidades o del tronco. Este comportamiento debe interpretarse en el contexto general y no es, por sí solo, un signo específico de cansancio.

Dificultad para dormirse

A pesar de la necesidad fisiológica de dormir, el niño puede tener dificultad para relajarse, reducir el nivel de activación y alcanzar el sueño.

Sueño más fragmentado

En algunos niños, un elevado nivel de activación en el momento de dormirse puede asociarse a una mayor dificultad para mantener un sueño regular, con posibles despertares más frecuentes o un sueño más fragmentado.

 

No esperar al llanto

En el recién nacido y en el niño, el llanto es generalmente una señal tardía y inespecífica. Puede indicar hambre, malestar, necesidad de contacto, dolor, estimulación excesiva o cansancio. Por este motivo, no es correcto interpretar automáticamente cada episodio de llanto como una señal de sueño. Es más útil observar la secuencia de los comportamientos.

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