Artículos científicos
Las etapas del desarrollo motor en el recién nacido
El desarrollo motor del lactante es un proceso extraordinario que comienza desde el nacimiento y progresa con intensidad creciente a lo largo de la primera infancia. Este periodo inicial es crucial, ya que sienta las bases del desarrollo global, influyendo de manera significativa en el crecimiento físico, cognitivo, sensorial, afectivo y relacional del niño.

Esquemas motores y desarrollo neurofisiológico
Durante los primeros años, el movimiento se organiza a través de esquemas motores básicos y esquemas posturales, estructurados según secuencias evolutivas que implican áreas específicas del sistema nervioso central. Estos esquemas, inicialmente automáticos y reflejos, se enriquecen progresivamente gracias a la experiencia y al juego, volviéndose cada vez más complejos y coordinados. Entre los principales esquemas motores encontramos: gatear, rodar, desplazarse a cuatro patas, caminar, correr, agarrar, lanzar, trepar, balancearse y saltar. Estos movimientos no solo favorecen el desarrollo físico, sino que también contribuyen a la construcción de la imagen corporal, el equilibrio y la coordinación espacio-temporal.
Del «esquema corporal pasivo» al «esquema corporal vivido»
Según los trabajos de J. De Ajuriaguerra y H. Wallon, el desarrollo del esquema corporal en el niño se articula en dos fases:
- Cuerpo pasivo (0–3 meses): el lactante vive una fusión perceptiva con la madre y se mueve principalmente a través de reflejos arcaicos y automatismos primarios (como el llanto, la succión y la respiración). En esta fase es esencial que el niño sea visto y reconocido como individuo, ya que esta relación inicial sienta las bases de la autoestima y la confianza en la relación con los demás.
- Cuerpo vivido (3 meses – 3 años): a través de la exploración motora y sensorial, el niño toma conciencia de su propio cuerpo e inicia un proceso de diferenciación entre sí mismo y los demás. La actividad motora espontánea (rodar, agarrar, sentarse, desplazarse) permite el desarrollo de la identidad corporal y la consolidación del sentimiento de sí mismo.
Las fases evolutivas del desarrollo motor (0–3 años)
| Edad | Principales adquisiciones motoras |
|---|---|
| 0–1 mes | Reflejos innatos: succión, prensión, movimientos oculares, reacciones posturales básicas. |
| 2–3 mes | Control progresivo de la cabeza, primeros movimientos intencionales hacia objetos. |
| 3–4 mes | Desarrollo de la prensión voluntaria, objetos llevados a la boca. |
| 4–6 mes | Inicio del control del tronco, aparición de la posición sentada con ayuda, mayor movilidad de las manos. |
| 6–8 mes | Posición sentada autónoma, prensión con uso del pulgar, manipulación más precisa. |
| 8–10 mes | Desplazamiento a cuatro patas, pinza pulgar-índice, primeras pruebas de ponerse de pie. |
| 10–12 mes | Bipedestación sin apoyo, primeros pasos con ayuda. |
| 12–18 mes | Marcha autónoma, exploración del entorno con mayor seguridad. |
| 18–24 mes | Carrera, subida a cuatro patas, mejora de la coordinación general. |
| 24–36 mes | Saltos desde pequeños escalones, subir a sillas, actividades motoras complejas (correr, rodar, gatear, deslizarse). |
El desarrollo psicomotor de 0 a 8 meses
Durante los primeros ocho meses, el lactante alcanza etapas fundamentales para la construcción del esquema corporal y el inicio de la autonomía motora:
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Control antigravitatorio de la cabeza: la fuerza del cuello se desarrolla progresivamente, permitiendo levantar la cabeza.
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Posición sentada autónoma: alrededor de los 6 meses, la capacidad de sentarse sin apoyo mejora el equilibrio y la coordinación.
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Desplazamiento a cuatro patas: entre los 6 y 9 meses, algunos bebés comienzan a moverse a cuatro patas, activando el tono muscular y la simetría corporal.
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Manipulación y prensión: el niño explora los objetos mediante el tacto y la boca, integrando percepción y movimiento.
En esta etapa, el contacto físico con el adulto es esencial para el sentimiento de seguridad, ya que el niño aún no dispone de un control completo de sus posturas. Por ello es importante ofrecer un apoyo estable, respetando la alineación corporal durante el porte o en las actividades cotidianas, como el baño.
La fase de 3 a 6 meses: apertura al entorno
Entre el tercer y el sexto mes, el niño muestra avances importantes a nivel motor y relacional:
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Aumenta el interés por el entorno y por las personas.
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Comienza un primer proceso de separación psicológica del cuidador principal, con mayor autonomía en la exploración.
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Mejoran las capacidades visuales y auditivas, con una atención más selectiva a los estímulos.
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Se desarrolla el control postural antigravitatorio, especialmente en la parte superior del tronco.
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El niño realiza sus primeros desplazamientos autónomos en el espacio (giros, pivoteo).
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Aparece la coordinación ojo-mano, que permite agarrar aquello que observa.
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Comienza la exploración oral de los objetos, fundamental para la construcción del esquema sensorial.
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Se manifiesta un interés creciente por los objetos y los juguetes, que se convierten en herramientas de aprendizaje y relación.
El proceso de desarrollo motor durante los primeros años no sigue una trayectoria rígida ni idéntica para todos los niños, sino que presenta una variabilidad fisiológica influida por factores genéticos, ambientales y experienciales. Por esta razón, es preferible hablar de fases evolutivas más que de “etapas fijas”. Cada habilidad adquirida —sensorial, motora, cognitiva o relacional— contribuye a la construcción de un equilibrio global. Las experiencias cotidianas, la calidad del entorno, la relación afectiva con los padres y las oportunidades ofrecidas (juego, manipulación, exploración) desempeñan un papel determinante para favorecer un desarrollo armonioso e integrado.
