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Artículos científicos

Higiene auricular durante el primer año de vida: fisiología y recomendaciones prácticas

FOCUS: Atención primaria

La higiene del cuerpo durante los primeros meses de vida representa no solo un componente esencial del cuidado diario, sino también un momento fundamental de interacción entre el recién nacido y quien lo cuida. En este contexto, la gestión de la higiene auricular requiere una atención particular, dada la fragilidad anatómica del conducto auditivo en los recién nacidos y la función fisiológica protectora del cerumen.

El cerumen: función protectora y mecanismo de autolimpieza

El cerumen es una secreción producida naturalmente por las glándulas ceruminosas y sebáceas presentes en el conducto auditivo externo. Su función principal es:

  • Proteger el tímpano y el conducto auditivo de polvo, agentes patógenos y humedad.

  • Mantener el canal auditivo seco, creando un ambiente desfavorable para la proliferación bacteriana y fúngica.

  • Favorecer la eliminación espontánea de partículas extrañas mediante un proceso de migración hacia el exterior.

En el recién nacido, la presencia de cerumen no indica necesariamente un problema; al contrario, representa un elemento natural de defensa. La eliminación sistemática no está recomendada, salvo en caso de acumulación patológica (tapón) o signos clínicos asociados.

Cuándo y cómo intervenir

En condiciones fisiológicas, la limpieza del oído del recién nacido se limita a la parte externa del pabellón auricular y a la zona cercana a la entrada del conducto auditivo. Este tipo de higiene puede integrarse en la rutina del baño, momento en el que el calor y el vapor ayudan a ablandar el cerumen, facilitando su eliminación superficial.

Recomendaciones prácticas:

  • Utilizar gasas estériles o paños suaves ligeramente humedecidos para limpiar el pabellón auricular.

  • Evitar cualquier instrumento que penetre en el conducto auditivo (incluidos los bastoncillos de algodón o los dedos), para prevenir que el cerumen sea empujado hacia el interior y evitar traumatismos o perforación timpánica.

  • En caso necesario, la limpieza puede realizarse una o dos veces por semana, según la cantidad de secreción observada.

Es importante recordar que, en el recién nacido, el conducto auditivo es más corto y estrecho que en el adulto, con una piel particularmente fina y sensible. Estas características aumentan el riesgo de lesiones por maniobras inadecuadas. Además, los movimientos reflejos o bruscos de la cabeza pueden incrementar el riesgo de traumatismos accidentales, especialmente durante procedimientos que implican contacto directo con el área auricular.

En presencia de síntomas como irritabilidad, tendencia a tocarse el oído, secreciones persistentes o alteraciones auditivas, es recomendable consultar al pediatra para una evaluación clínica. La posible acumulación patológica de cerumen (tapón) debe ser gestionada exclusivamente por personal sanitario cualificado, evitando cualquier intervención invasiva en el hogar.