Artículos científicos
Bienestar ocular en el recién nacido: fisiología, higiene y manejo de las secreciones oculares
Los ojos representan una de las estructuras más delicadas del organismo humano, y esto resulta particularmente evidente durante los primeros meses de vida. En la edad neonatal, el sistema de drenaje lagrimal aún es inmaduro, condición que puede provocar una dificultad temporal en la limpieza natural de la superficie ocular.

Secreciones oculares en los primeros meses de vida
En los recién nacidos puede observarse la presencia de moco denso y adherente alrededor de los párpados, en ausencia de enrojecimiento o signos de irritación. Este fenómeno es fisiológico y está relacionado con la ineficiencia transitoria del conducto nasolagrimal. El drenaje lagrimal comienza generalmente a funcionar de manera eficaz alrededor de la segunda o tercera semana de vida, aunque puede requerir hasta dos meses para estabilizarse completamente.
Conjuntivitis neonatal: características y manejo
En algunos casos, en los días posteriores al nacimiento, puede aparecer una secreción ocular más marcada que dificulta la apertura de los párpados. Se trata de la denominada conjuntivitis neonatal, una condición que puede afectar a uno o ambos ojos y que suele originarse por una obstrucción parcial del conducto nasolagrimal o por una leve congestión de la mucosa nasal.
Los síntomas suelen manifestarse con mayor intensidad al despertar y se resuelven espontáneamente en la mayoría de los casos. El manejo consiste en una correcta higiene ocular y, si es necesario, en un masaje localizado del saco lagrimal para favorecer el drenaje.
Higiene ocular neonatal: procedimientos prácticos
La limpieza diaria de los ojos tiene como objetivo eliminar secreciones y costras que pueden acumularse en las zonas palpebrales o en el lago lagrimal. El procedimiento recomendado incluye:
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Lavado cuidadoso de las manos antes de entrar en contacto con la zona periocular.
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Uso de gasas estériles de un solo uso o toallitas específicas para uso oftálmico, impregnadas con solución fisiológica.
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Limpieza suave del ojo desde el ángulo interno (hacia la nariz) hacia el exterior, sin aplicar presión.
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Utilizar una gasa diferente para cada ojo, con el fin de evitar la transmisión de posibles agentes patógenos.
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Ablandar las costras resistentes con compresas de solución fisiológica antes de retirarlas.
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Evitar el uso de algodón, debido al riesgo de liberar microfibras potencialmente irritantes.
Lagrimeo persistente y obstrucción del conducto nasolagrimal
La producción de lágrimas comienza alrededor de la tercera o cuarta semana de vida. Sin embargo, en algunos recién nacidos puede presentarse un lagrimeo excesivo, conocido como epífora, causado por una obstrucción parcial o completa del conducto nasolagrimal. Como consecuencia, el ojo permanece constantemente húmedo, lo que puede favorecer fenómenos irritativos o inflamatorios.
En la mayoría de los casos, el conducto nasolagrimal se abre espontáneamente durante el primer año de vida. Mientras se espera esta resolución fisiológica, es posible facilitar el proceso mediante técnicas específicas de masaje.

Técnicas de masaje del saco lagrimal
Modalidad 1: presión rotatoria localizada
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Colocar al bebé en posición supina.
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Después de lavarse las manos, ejercer con la yema del dedo una ligera presión rotatoria justo debajo del ángulo interno del ojo.
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Estabilizar la cabeza con la palma de la otra mano.
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Repetir la operación 3–5 veces al día.
Modalidad 2: movimiento vertical de drenaje
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Deslizar la yema del dedo desde el canto interno del ojo hacia la fosa nasal, a lo largo del borde de la nariz.
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Aplicar una presión mínima y constante, sin causar molestias.
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Repetir 3–5 veces al día, preferiblemente durante momentos de la rutina diaria (por ejemplo, durante el cambio de pañal).
Modalidad 3: compresa tibia localizada
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Aplicar un paño tibio (no caliente) sobre la zona superior del conducto lagrimal.
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Mantenerlo durante 3–5 minutos.
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La humedad y el calor ayudan a facilitar la eliminación de la obstrucción y el drenaje de las secreciones.
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Repetir hasta cinco veces al día.
Todas estas técnicas de masaje tienen como objetivo generar una ligera sobrepresión local, útil para abrir la válvula de Hasner y favorecer la salida del contenido estancado del conducto nasolagrimal. Esto también permite eliminar posibles bacterias presentes y restablecer el flujo lagrimal normal.
La higiene ocular durante los primeros meses de vida es una actividad fundamental para prevenir irritaciones, infecciones y complicaciones debidas a la obstrucción del conducto nasolagrimal. El reconocimiento temprano de los signos fisiológicos, la aplicación de técnicas no invasivas de limpieza y masaje, y el seguimiento de la evolución del lagrimeo permiten garantizar el bienestar oftalmológico del recién nacido. En presencia de secreciones persistentes o síntomas asociados (enrojecimiento, hinchazón, fiebre), se recomienda consultar al pediatra o al profesional sanitario de referencia para una evaluación más detallada.
