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Artículos científicos

El crecimiento del recién nacido: las medidas que cuentan el crecimiento, pero también la salud del bebé

FOCUS: Crecimiento y desarrollo físico

El peso, la longitud y el perímetro cefálico se encuentran entre las primeras medidas tomadas al nacer y representan herramientas fundamentales de la auxología neonatal, la disciplina que estudia el crecimiento y el desarrollo corporal. No se trata simplemente de números que anotar en la historia clínica: su interpretación permite situar al recién nacido respecto a la población de referencia, evaluar sus proporciones corporales y seguir a lo largo del tiempo su trayectoria de crecimiento. Sin embargo, el crecimiento neonatal no se puede interpretar basándose en un solo valor. Lo que adquiere mayor significado clínico es la evolución a lo largo del tiempo, observada mediante mediciones realizadas correctamente y registradas en curvas adecuadas para el sexo, la edad gestacional y la edad posnatal.

La Sociedad Italiana de Neonatología (SIN), a través del Grupo de Estudio de Auxología Perinatal, dedica especial atención a la evaluación antropométrica del recién nacido. Las tablas INeS (Italian Neonatal Study) representan una de las referencias italianas para la evaluación de las dimensiones neonatales al nacer y fueron elaboradas en el marco de un estudio prospectivo que incluyó a más de 45 000 recién nacidos en 34 centros italianos. Estas tablas tienen en cuenta la edad gestacional, el sexo y el orden de nacimiento.

La medición antropométrica constituye, por tanto, el punto de partida de un proceso de vigilancia que continúa durante los primeros meses y años de vida.

El peso: una medida dinámica

El peso es probablemente el parámetro que se utiliza con más frecuencia para seguir el crecimiento del recién nacido, pero también es el que se ve más influido por las variaciones fisiológicas de los primeros días de vida.

Al nacer, el peso refleja numerosos factores, entre ellos la edad gestacional, el patrimonio genético, el crecimiento fetal, las condiciones maternas y placentarias y la evolución del embarazo. Por este motivo, el valor absoluto expresado en gramos debe interpretarse siempre en relación con la edad gestacional y el sexo.

Un recién nacido de 2800 gramos nacido a las 39 semanas, por ejemplo, no se puede evaluar de la misma manera que un recién nacido del mismo peso nacido a las 32 semanas. Es precisamente por esta razón por la que las curvas neonatales registran los parámetros antropométricos en función de la edad gestacional.

Las tablas INeS de la SIN se desarrollaron con este fin y pueden utilizarse en recién nacidos con una edad gestacional comprendida entre las 23 y las 42 semanas.

 

La pérdida de peso fisiológica

En los primeros días tras el nacimiento es fisiológico observar una reducción del peso corporal, fenómeno relacionado principalmente con la pérdida de líquidos y con los cambios en el equilibrio hídrico que acompañan a la transición de la vida intrauterina a la extrauterina. Sin embargo, la cantidad de peso perdida y la posterior recuperación deben interpretarse en el contexto clínico global, considerando la alimentación, la diuresis, las condiciones clínicas y el tipo de parto.

Por lo tanto, el dato realmente informativo no es solo cuánto pesa el recién nacido en un día determinado, sino cómo evoluciona su peso respecto a la trayectoria esperada.

 

De la pérdida fisiológica a la reanudación del crecimiento

Tras la fase inicial de adaptación, el peso vuelve a aumentar progresivamente. En el recién nacido sano a término, la velocidad de crecimiento es especialmente elevada en los primeros meses y tiende a reducirse posteriormente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha desarrollado patrones específicos para el peso, la longitud y el perímetro cefálico y, por separado, para la velocidad de crecimiento de estos parámetros. Dichos patrones derivan del Multicentre Growth Reference Study, que realizó un seguimiento de niños sanos pertenecientes a diversas poblaciones y permitió describir el crecimiento desde el nacimiento hasta los primeros años de vida. Este aspecto es especialmente importante: una curva de crecimiento no solo captura una dimensión corporal, sino que describe una trayectoria.

Dos niños pueden tener el mismo peso a una edad determinada y seguir posteriormente trayectorias distintas. Uno puede mantener en el tiempo una posición relativamente estable respecto a la curva, mientras que el otro puede cruzar varios percentiles en sentido ascendente o descendente. Es precisamente esta modificación de la trayectoria la que merece atención clínica.

 

La longitud: el crecimiento lineal

La longitud representa un indicador del crecimiento esquelético y debe interpretarse junto con el peso y el perímetro cefálico. En el recién nacido y en el lactante se mide en decúbito supino, utilizando un instrumento específico denominado infantómetro. El procedimiento requiere una colocación correcta de la cabeza, la extensión de las piernas y el contacto de los pies con la superficie de medición.

Una medición aparentemente sencilla puede verse influida por la técnica utilizada. Pequeñas diferencias en la posición del niño pueden modificar el valor obtenido, sobre todo cuando se comparan mediciones sucesivas. Por este motivo, en el ámbito de la auxología pediátrica es importante utilizar procedimientos estandarizados y herramientas adecuadas.

El proyecto INTERGROWTH-21st, en el que también participó Italia a través del centro de Turín, adoptó protocolos antropométricos estandarizados para el peso, la longitud y el perímetro cefálico, con el objetivo de obtener patrones internacionales comparables entre diferentes poblaciones.

 

El peso y la longitud deben interpretarse conjuntamente.

El peso, considerado aisladamente, no describe de forma completa las características del crecimiento. Por ejemplo, un niño con un peso elevado puede ser también especialmente largo y presentar, por tanto, proporciones corporales diferentes respecto a un niño del mismo peso, pero de menor longitud. Por este motivo, la evaluación auxológica incluye varios parámetros y, cuando está indicado, también relaciones como la existente entre peso y longitud.

 

La circunferencia craneal: una medida del desarrollo cerebral 

La circunferencia craneal, a menudo indicada con el acrónimo CC, es una medida particularmente relevante en el primer período de la vida, ya que refleja indirectamente el crecimiento del cráneo y acompaña, en esta fase, al del encéfalo. La medición se realiza colocando una cinta métrica no extensible a lo largo del mayor perímetro de la cabeza, pasando anteriormente a través de la región supraorbitaria y posteriormente a través de la prominencia occipital. También en este caso, la estandarización de la técnica es determinante. Una variación aparentemente mínima puede, de hecho, asumir un significado diferente según represente una modificación real del crecimiento o bien una diferencia en el modo de medición.

La circunferencia craneal se interpreta por lo tanto en relación con la edad, el sexo y la curva de referencia utilizada. Los estándares de la OMS incluyen curvas específicas para este parámetro y herramientas para evaluar su velocidad de crecimiento.

 

Por qué no se debe descuidar la circunferencia craneal

En los primeros meses de vida, el crecimiento encefálico es particularmente rápido. Por este motivo, la circunferencia craneal representa uno de los parámetros que el pediatra considera durante los controles de salud.

Una medida aislada, sin embargo, no permite determinar por sí sola si existe un problema. Es la trayectoria del crecimiento craneal la que proporciona la información más útil.

Un valor situado de forma estable en un determinado percentil puede representar una característica individual normal, mientras que una variación significativa y persistente de la trayectoria requiere una evaluación clínica.

Por tanto, también para la circunferencia craneal, la evolución a lo largo del tiempo asume mayor significado que el valor aislado.

 

Los percentiles: cómo interpretarlos correctamente

Cuando el peso, la longitud y la circunferencia craneal se representan en una curva de crecimiento, los valores del niño se pueden comparar con los de una población de referencia.

El percentil no representa una nota ni indica, por sí solo, si un niño está sano o presenta una condición patológica.

Un niño que se sitúa en el percentil 10 para el peso no está necesariamente bajo de peso, de la misma manera que un niño en el percentil 90 no se encuentra automáticamente en una condición de exceso ponderal.

La interpretación debe tener en cuenta diversos elementos:

  • Edad gestacional al nacer y sexo del niño.
  • Peso y dimensiones al nacer, junto con las mediciones posteriores.
  • Evolución del crecimiento a lo largo del tiempo, considerando posibles variaciones de la trayectoria.
  • Relación entre peso, longitud y circunferencia craneal, para una evaluación global.
  • Alimentación y condiciones clínicas, que pueden influir en el crecimiento.
  • Antecedentes familiares, en relación con características constitucionales y patrones de crecimiento.

Por lo tanto, es más correcto considerar la posición y la trayectoria del niño en la curva, en lugar de atribuir un significado patológico a un solo percentil.

 

El crecimiento fetal y el crecimiento tras el nacimiento no son lo mismo

Un aspecto particularmente importante se refiere a la distinción entre crecimiento intrauterino y crecimiento posnatal.

Al nacer, el peso, la longitud y la circunferencia craneal se comparan con estándares específicos para la edad gestacional. El proyecto INTERGROWTH-21st ha desarrollado estándares internacionales para estos parámetros, estratificados por edad gestacional y sexo. Los estándares se construyeron en ocho áreas geográficas e incluyeron también a Turín, haciendo que el proyecto sea particularmente relevante para la práctica neonatológica italiana. Tras el nacimiento, en cambio, la evaluación pasa a ser longitudinal: ya no interesa solo el tamaño alcanzado por el niño, sino también la velocidad a la que crece y la continuidad de su trayectoria.

 

Recién nacido a término y recién nacido pretérmino: dos situaciones diferentes

En el recién nacido pretérmino, la evaluación auxológica requiere una atención especial.

Un niño nacido mucho antes de término ha pasado fuera del útero una parte del período en el que, en condiciones fisiológicas, habría continuado el crecimiento fetal. Además, durante la hospitalización neonatal pueden intervenir enfermedades, nutrición parenteral o enteral, infecciones, intervenciones terapéuticas y otras condiciones capaces de modificar el crecimiento. Por estas razones, la evaluación del crecimiento del recién nacido pretérmino no se puede superponer simplemente a la del recién nacido a término.

La SIN llama la atención sobre el uso de curvas adecuadas para el seguimiento de los prematuros e indica, entre las herramientas disponibles, los estándares longitudinales INTERGROWTH-21st para el crecimiento posnatal de los recién nacidos prematuros. En el seguimiento, además, la interpretación debe tener en cuenta la edad corregida, especialmente en los primeros años de vida.

 

Pequeño, adecuado o grande para la edad gestacional

Las medidas antropométricas al nacer permiten clasificar al recién nacido en relación con la edad gestacional.

En términos generales, se distinguen tres categorías:

  • SGA – Small for Gestational Age: recién nacido pequeño para la edad gestacional.
  • AGA – Appropriate for Gestational Age: recién nacido adecuado para la edad gestacional.
  • LGA – Large for Gestational Age: recién nacido grande para la edad gestacional.

Esta clasificación no equivale automáticamente a un diagnóstico de enfermedad.

Un recién nacido puede ser constitucionalmente pequeño o grande sin presentar una condición patológica. Por el contrario, una alteración del crecimiento puede representar la expresión de condiciones que requieren un estudio más detallado.

La SIN subraya precisamente la importancia de disponer de una edad gestacional correcta y de mediciones precisas de peso, longitud y perímetro cefálico al nacer, para permitir una clasificación auxológica adecuada.

 

El crecimiento no es lineal

Uno de los conceptos más importantes que se deben transmitir a los padres es que el crecimiento del recién nacido no sigue una evolución perfectamente regular. Existen variaciones fisiológicas en la velocidad de crecimiento y pueden producirse períodos caracterizados por aumentos mayores o menores.

La OMS describe una velocidad de crecimiento especialmente elevada tras el nacimiento, seguida de una deceleración progresiva a lo largo del primer año de vida. Por este motivo, no es correcto esperar que el niño aumente de peso o de longitud siempre a la misma velocidad. Por tanto, la evaluación pediátrica debe basarse en mediciones repetidas a lo largo del tiempo, a ser posible realizadas con métodos comparables.

 

Cuando la curva cambia de trayectoria

Un aspecto que merece especial atención es el eventual cruce persistente de varios canales de percentiles.

Un cambio de trayectoria puede ser fisiológico en algunos momentos del desarrollo, especialmente en los primeros meses, cuando el niño tiende a estabilizarse progresivamente hacia su propio canal de crecimiento. Por el contrario, una desviación significativa y persistente puede requerir un estudio más detallado.

La interpretación siempre debe tener en cuenta el cuadro clínico completo. Entre las posibles causas de un ralentecimiento del crecimiento pueden incluirse dificultades de alimentación, aporte nutricional insuficiente, problemas de absorción, patologías crónicas o afecciones endocrinas y metabólicas. Por lo tanto, no existe un único valor que permita, por sí solo, formular un diagnóstico. Es el conjunto de las mediciones, de su evolución y de las condiciones clínicas del niño lo que orienta la evaluación pediátrica.

 

  

Conclusiones

El crecimiento del recién nacido debe considerarse como un proceso continuo, que requiere una observación atenta y una evaluación global.

Al nacer, la determinación de los parámetros antropométricos permite definir la posición del niño respecto a la edad gestacional. En los meses siguientes, las mediciones repetidas permiten comprobar si la trayectoria sigue siendo coherente con su desarrollo individual. La Sociedad Italiana de Neonatología, a través de sus actividades de auxología perinatal, ha destacado a lo largo de los años la necesidad de utilizar referencias adecuadas para las diferentes fases del crecimiento neonatal. Las tablas INeS representan una referencia italiana para la evaluación al nacer, mientras que INTERGROWTH-21st y la OMS ofrecen herramientas internacionales para fases específicas del desarrollo auxológico.

Por tanto, la elección de la curva de crecimiento no es un simple detalle técnico, sino una parte integrante de la interpretación clínica, fundamental para comprender la evolución del crecimiento y acompañar al niño a través de las diferentes fases del desarrollo.

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