Artículos científicos
Seguridad en el hogar y prevención de accidentes domésticos: una guía para proteger y acompañar el crecimiento del niño
El entorno doméstico es el primer contexto en el que el niño desarrolla sus habilidades motoras, cognitivas, sensoriales y relacionales. En los primeros tres años de vida, el niño atraviesa una fase de intensa transformación caracterizada por la progresiva adquisición de nuevas competencias: control de la cabeza, capacidad de agarrar objetos, volteo, posición sentada, gateo, capacidad de ponerse de pie y caminar sin ayuda. Cada nueva habilidad modifica la relación entre el niño y el espacio circundante.
Un entorno adecuado durante los primeros meses puede convertirse posteriormente en una fuente de nuevos riesgos, cuando el niño adquiere una mayor movilidad y capacidad exploratoria. La prevención de accidentes domésticos requiere, por lo tanto, una visión dinámica del desarrollo infantil. La seguridad no depende solamente de la eliminación de los peligros, sino también de la capacidad de comprender cómo el niño observa, interpreta y utiliza el entorno en función de su propio nivel de maduración neuromotriz y cognitiva.
En los primeros años de vida, de hecho, el niño adquiere progresivamente las herramientas necesarias para conocer el mundo a través del cuerpo. La posibilidad de realizar una acción, sin embargo, a menudo precede a la capacidad de comprender su riesgo. Un niño puede lograr alcanzar un objeto, abrir un cajón, subirse a una superficie o desplazarse rápidamente sin poseer todavía la madurez cognitiva necesaria para reconocer el peligro asociado.

De 0 a 6 meses: descubrimiento del cuerpo y primeros movimientos
En los primeros meses, el recién nacido presenta movimientos predominantemente espontáneos y adquiere progresivamente un mayor control motor.
Las principales competencias incluyen:
- control progresivo de la cabeza;
- mayor coordinación entre la vista y el movimiento de las manos;
- capacidad de agarrar objetos cercanos;
- exploración a través del contacto y la boca.
En esta fase, el niño depende completamente del adulto para su propia protección. La capacidad visual se encuentra todavía en fase de maduración y la percepción del espacio es limitada.
Incluso un pequeño cambio en las capacidades motoras puede modificar rápidamente el nivel de seguridad. Un niño que inicialmente permanece quieto sobre una superficie puede posteriormente empezar a girar o desplazarse sin señales fácilmente previsibles.
De 6 a 12 meses: aumento de la movilidad y exploración activa
Durante el segundo semestre de vida, aumenta la capacidad del niño para interactuar con el entorno.
Aparecen progresivamente:
- volteo;
- posición sentada autónoma;
- desplazamientos por el suelo;
- capacidad de agarrar y manipular objetos;
- exploración oral.
El niño utiliza las manos, la vista y la boca para conocer lo que le rodea. Esta modalidad exploratoria es fisiológica y forma parte del desarrollo, pero aumenta el riesgo de contacto con pequeños objetos, sustancias no adecuadas o materiales peligrosos.
La percepción del riesgo es todavía inexistente. El niño no comprende el concepto de peligro y no posee estrategias para evitar situaciones dañinas.
De 12 a 24 meses: autonomía motora y ampliación del espacio exploratorio
Cuando empieza a ponerse de pie y a caminar, el niño aumenta notablemente su propia autonomía.
Las nuevas capacidades incluyen:
- caminar;
- transportar objetos;
- subir y bajar;
- abrir recipientes, cajones y puertas;
- explorar diferentes entornos.
Esta fase se caracteriza por una gran curiosidad y el deseo de experimentar. El niño aprende a través del movimiento, pero presenta todavía límites en la coordinación, en el equilibrio y en la previsión de las consecuencias.
Puede comprender indicaciones sencillas del adulto, pero no posee todavía un control completo de los impulsos exploratorios. Una gestión no adecuada del entorno puede favorecer:
- caídas desde escaleras o muebles;
- acceso a productos peligrosos;
- contacto con fuentes de calor;
- manipulación de pequeños objetos.
De 24 a 36 meses: mayor autonomía, pero riesgo aún presente
Entre el segundo y el tercer año, el niño desarrolla una mayor capacidad de movimiento y comunicación.
Mejoran:
- el equilibrio;
- la coordinación motora;
- la capacidad de correr y saltar;
- la comprensión del lenguaje;
- la capacidad de imitación del adulto.
A pesar de estos progresos, el niño sigue teniendo una percepción del riesgo diferente a la del adulto. La curiosidad puede llevarlo a experimentar situaciones nuevas sin evaluar sus posibles consecuencias, porque el razonamiento, el autocontrol y la capacidad de previsión están todavía en fase de desarrollo.
Cómo cambia el riesgo con el aumento de la autonomía motora, sensorial y cognitiva
La adquisición progresiva de las competencias modifica de forma dinámica el perfil de riesgo en el entorno doméstico. Durante los primeros meses de vida, el recién nacido presenta una capacidad limitada de desplazamiento autónomo y la seguridad depende principalmente de la gestión correcta del espacio por parte del adulto. Con el desarrollo motor, el aumento de la movilidad y la mayor capacidad exploratoria, el niño entra progresivamente en relación con un número creciente de estímulos ambientales.
La evaluación del riesgo debe, por lo tanto, considerar cuatro elementos estrechamente relacionados:
- lo que el niño ve, influido por el desarrollo de la función visual, por la altura del niño y por su forma de ver el espacio;
- lo que el niño desea alcanzar, determinado por la curiosidad, por la motivación exploratoria y por el interés hacia nuevos estímulos;
- lo que el niño consigue físicamente hacer, en relación con las competencias motoras adquiridas, la fuerza muscular, el equilibrio y la coordinación;
- lo que el niño consigue cognitivamente comprender, en relación con el desarrollo de capacidades como la atención, el autocontrol y la planificación , la atención, el control de los impulsos y la capacidad de anticipar las consecuencias.
El niño no interpreta el entorno con los mismos criterios que el adulto. La percepción del espacio está condicionada por la fase de desarrollo neuromotriz y cognitivo. En los primeros años aprende principalmente a través de la experiencia directa y la exploración activa. El movimiento es una herramienta de conocimiento, mientras que la capacidad de reconocer las situaciones peligrosas surge gradualmente.
Desde el punto de vista del desarrollo perceptivo, puede verse fuertemente atraído por colores vivos, sonidos, formas particulares o bien objetos nuevos. El interés hacia un estímulo puede prevalecer sobre la evaluación del riesgo asociado. La motivación exploratoria es, por tanto, fisiológica y necesaria para el desarrollo, pero debe ir acompañada de un entorno adecuadamente organizado.
También la perspectiva visual es diferente a la del adulto. La altura reducida, el diferente campo visual y la menor experiencia ambiental modifican la forma en que el niño percibe los espacios domésticos. Elementos reconocidos como peligrosos pueden no ser interpretados de la misma manera por el niño.
Con la consecución de la posición erguida y de la deambulación autónoma, aumenta además la posibilidad de acceso a superficies elevadas, muebles, cajones, aparatos y objetos anteriormente inalcanzables. Paralelamente, crece la capacidad de abrir recipientes, desplazar objetos y manipular materiales diversos.
La prevención de accidentes domésticos debe, por tanto, ser. El entorno debe adaptarse no solo a las capacidades actuales del niño, sino también a las nuevas competencias que podría adquirir en el corto plazo.
Principales riesgos domésticos y estrategias preventivas
Caídas
Las caídas constituyen uno de los eventos accidentales más frecuentes en la infancia, en particular en los primeros años de vida, cuando el niño adquiere rápidamente nuevas competencias motoras pero aún no ha desarrollado un control completo de la postura, del equilibrio y de la coordinación.
En los primeros meses el peligro está asociado sobre todo a la gestión del entorno por parte del adulto. Con el aumento de la movilidad autónoma, el niño puede en cambio alcanzar superficies y espacios previamente no accesibles.
Los principales factores de riesgo incluyen:
- aumento de la movilidad autónoma y acceso a nuevas áreas de la casa;
- presencia de escaleras;
- acceso a superficies elevadas, come letti, divani, fasciatoi, sedie o mobili;
- inestabilidad del mobiliario, como alfombras no fijadas, objetos presentes en las zonas de paso o elementos que pueden ser utilizados como apoyo durante los primeros intentos de subida;
Desde el punto de vista del desarrollo infantil, el niño tiende a explorar a través del movimiento y la experimentación directa. El interés hacia un objeto o una superficie puede prevalecer sobre la capacidad de reconocer el riesgo: la caída puede por lo tanto ocurrir no por falta de atención, sino como consecuencia de una fase evolutiva fisiológica.
Las intervenciones principales incluyen:
- organizar los espacios de modo que se favorezca el movimiento seguro;
- eliminar los obstáculos presentes en las áreas de juego y de paso;
- utilizar sistemas de protección adecuados para escaleras, ventanas y superficies de riesgo;
- estabilizar los muebles que puedan ser utilizados como apoyo para trepar;
- supervisar de forma adecuada durante las fases de adquisición de las nuevas habilidades motoras.
El entorno debe ser evaluado considerando no solo lo que el niño sabe hacer en el momento presente, sino también lo que podría aprender a hacer en poco tiempo.
Asfixia e ingestión de cuerpos extraños
El riesgo de asfixia e ingestión accidental de cuerpos extraños está estrechamente relacionado con las características del desarrollo neuromotor y conductual del niño. En los primeros años la boca representa un instrumento de conocimiento del entorno, a través del cual el niño explora forma, consistencia y dimensión de los objetos. Sin embargo, este modo exploratorio aumenta la posibilidad de contacto con materiales de pequeño tamaño o fácilmente fragmentables, con el riesgo potencial de asfixia o ingestión.
Con el desarrollo de la capacidad de agarrar objetos , de la motricidad fina y de la capacidad de desplazarse de forma autónoma, el niño puede alcanzar y manipular objetos antes inaccesibles.
Deben ser controlados cuidadosamente:
- juguetes no adecuados a la edad o al desarrollo del niño;
- pequeños componentes separables de los juguetes;
- pilas de botón;
- imanes;
- objetos de pequeño tamaño;
- materiales fácilmente fragmentables;
- objetos dejados sin supervisión en los ambientes frecuentados por el niño.
La seguridad de los juguetes y de los objetos debe ser evaluada considerando no solo la edad cronológica, sino también las capacidades motoras, sensoriales y cognitivas. Un objeto fácilmente manejable por un niño mayor puede representar un peligro para un lactante o para un niño en las primeras fases de exploración autónoma.
Quemaduras
Las quemaduras constituyen uno de los eventos traumáticos domésticos más relevantes en la edad pediátrica. Con la adquisición de la posición erguida, de la deambulación y de las habilidades manipulativas, el niño puede entrar en contacto con superficies calientes, líquidos a alta temperatura y aparatos domésticos potencialmente peligrosos.
En los primeros años de vida no posee aún una completa capacidad de capacidad para reconocer el peligro del calor. Además, la piel del niño presenta características diferentes a las de la piel adulta, que la hacen más susceptible a las lesiones por calor.
Las principales situaciones de riesgo incluyen el contacto con:
- líquidos y alimentos calientes;
- superficies calientes;
- fogones y hornos;
- dispositivos eléctricos;
- fuentes de calor presentes en el entorno doméstico.
La prevención incluye:
- controlar las fuentes de calor presentes en la vivienda;
- prestar atención durante la preparación y manipulación de los alimentos;
- proteger fogones, hornos y aparatos que alcancen temperaturas elevadas;
- controlar de forma segura los recipientes con líquidos o alimentos calientes;
- controlar la temperatura del agua utilizada para la higiene;
- organizar los espacios considerando lo que el niño puede alcanzar.
Sustancias tóxicas y medicamentos
La exposición accidental a medicamentos, detergentes y productos químicos constituye un riesgo importante cuando el niño aumenta su autonomía motora y la capacidad de explorar a través del tacto, la manipulación y la boca.
Los niños pequeños pueden sentirse atraídos por envases coloridos, formas particulares o productos habitualmente utilizados por los adultos, sin reconocer su peligrosidad.
Deben ser conservados de forma segura:
- medicamentos de cualquier tipo;
- detergentes y productos de limpieza;
- sustancias químicas;
- cosméticos y productos para la higiene personal;
- líquidos y productos no destinados al niño.
Las principales medidas preventivas incluyen:
- conservar los productos en lugares no accesibles para el niño;
- mantenerlos en los envases originales, con etiquetas legibles;
- cerrar correctamente los recipientes después de su uso;
- no trasvasar sustancias químicas en botellas o recipientes destinados a alimentos o bebidas porque podrían crear confusión.
Proteger sin limitar la exploración
La seguridad doméstica no debe impedir al niño explorar y desarrollar sus propias capacidades. El movimiento es un instrumento a través del cual el niño construye conocimiento, coordinación y autonomía y confianza en sus propias posibilidades.
Un ambiente adecuadamente organizado permite al niño experimentar de forma más segura, favoreciendo al mismo tiempo el desarrollo. La prevención nace por lo tanto del equilibrio entre protección y posibilidad de descubrimiento.
La familia tiene un papel central en la construcción de este equilibrio. Conocer las etapas del desarrollo permite prever los cambios y modificar los espacios antes de que surjan nuevas situaciones de riesgo.
En los primeros 36 meses cada nueva competencia modifica la relación entre el ambiente y el niño.
Comprender cómo el niño observa, explora e interpreta el mundo permite crear condiciones más seguras, apoyando al mismo tiempo la autonomía, la curiosidad y el bienestar en el desarrollo infantil.
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