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Artículos científicos

La importancia de la continuidad del sueño en el recién nacido: el papel de la melatonina y la hormona del crecimiento

FOCUS: La importancia del sueño

El sueño neonatal no es simplemente un período de inactividad, sino que actúa como un mecanismo biológico crucial, diseñado para favorecer el crecimiento, la maduración neurocognitiva, la regulación endocrina y la estabilidad del sistema inmunitario.

Durante los primeros meses de vida, la continuidad del sueño se convierte en un factor determinante para la secreción de melatonina y de la hormona del crecimiento (GH), dos pilares fisiológicos esenciales para el desarrollo armónico del recién nacido y para el establecimiento de los ritmos circadianos, que regulan la fisiología, el comportamiento y el metabolismo.

Arquitectura del sueño neonatal y significado fisiológico

En los recién nacidos, los ciclos de sueño son más cortos que en los adultos, con una duración aproximada de 50–60 minutos, y presentan un predominio del sueño REM, fundamental para la plasticidad cerebral y la maduración de las redes neuronales. El sueño NREM, aunque menos representado, constituye el contexto óptimo para la máxima secreción de GH, esencial para el crecimiento corporal, el desarrollo musculoesquelético y la regeneración tisular.
La continuidad del sueño permite completar los ciclos fisiológicos y optimizar los procesos endocrinos; por el contrario, las interrupciones frecuentes pueden comprometer la secreción hormonal y alterar el crecimiento y la regulación de los ritmos circadianos neonatales.

Melatonina: origen, función y mecanismos

La melatonina es una hormona producida principalmente por la glándula pineal, situada en la región epitalámica del cerebro. Su síntesis sigue un ritmo circadiano regulado por la exposición a la luz: la luz inhibe la producción de melatonina, mientras que la oscuridad favorece su secreción. En el recién nacido, la melatonina cumple funciones clave:

  • Regula los ritmos circadianos, facilitando el inicio y el mantenimiento del sueño;
  • Ejerce una acción antioxidante, protegiendo las células del estrés oxidativo;
  • Modula el tono vagal autonómico y la actividad neuroendocrina, contribuyendo a la maduración neurológica y a la estabilidad fisiológica;
  • Sincroniza los ritmos metabólicos e inmunitarios, esenciales para el crecimiento y el bienestar.

En los recién nacidos, los niveles de melatonina son inicialmente muy bajos y solo se vuelven rítmicos tras varias semanas de vida, a medida que el organismo se expone a ciclos luz–oscuridad y madura el sistema circadiano.

Ritmos circadianos en el período neonatal y la primera infancia

Los ritmos circadianos son oscilaciones biológicas de aproximadamente 24 horas, gobernadas por un reloj central situado en el núcleo supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo, que coordina la secreción hormonal, la temperatura corporal, el sueño, el hambre y otras funciones fisiológicas.

  • Recién nacidos (0–3 meses): los ritmos circadianos son inmaduros; el sueño es polifásico y fragmentado, con ciclos de sueño y vigilia distribuidos a lo largo del día y la noche. La secreción de melatonina y GH aún no sigue patrones consolidados, por lo que el apoyo ambiental (oscuridad, silencio) y las rutinas son esenciales para favorecer la maduración rítmica.
  • Primera infancia (3–12 meses): los ritmos circadianos comienzan a estabilizarse, con mayor concentración del sueño nocturno y vigilia diurna. La producción nocturna de melatonina aumenta progresivamente, sincronizando los ciclos REM y NREM, mientras que la secreción de GH se vuelve más predecible y asociada al sueño profundo.

El establecimiento de ritmos circadianos regulares en los primeros meses de vida es crucial para el crecimiento armónico, la regulación metabólica y la consolidación del desarrollo neurológico.

 

Ritmos circadianos y cerebro neonatal
  1. Plasticidad sináptica: durante el sueño REM, las redes neuronales muestran oscilaciones eléctricas desincronizadas que favorecen la formación y consolidación de sinapsis, esenciales para el desarrollo cognitivo y sensorial precoz.
  2. Mielinización y desarrollo cortical: el sueño NREM profundo permite la secreción pulsátil de GH, promoviendo la mielinización, el crecimiento neuronal y la maduración del tejido cerebral.
  3. Regulación neuroendocrina: la actividad circadiana del NSQ modula el hipotálamo y la hipófisis, controlando la secreción de melatonina por la glándula pineal y de GH por la hipófisis anterior, apoyando el crecimiento somático, el metabolismo y la estabilidad fisiológica.
  4. Desarrollo de la neurotransmisión: la alternancia entre vigilia y sueño regula la liberación de neurotransmisores clave como serotonina, dopamina y GABA, esenciales para el equilibrio neurológico y la regulación futura del estado de ánimo y la ansiedad.
  5. Sincronización periférica: el cerebro envía señales a los relojes circadianos periféricos (hígado, intestino, sistema inmunitario), contribuyendo a la maduración metabólica y a la regulación de procesos fisiológicos relacionados con la digestión, la secreción enzimática y la respuesta inmunitaria.
Hormona del crecimiento (GH)

La hormona del crecimiento es secretada por la hipófisis anterior de forma pulsátil, con picos principalmente durante el sueño NREM profundo (estadios 3 y 4 del sueño de ondas lentas). Esta secreción pulsátil está regulada por un complejo sistema neuroendocrino que involucra el núcleo arcuato hipotalámico, la somatostatina, la hormona liberadora del crecimiento (GHRH) y retroalimentaciones metabólicas de factores periféricos como IGF-1, glucemia y niveles de aminoácidos.
En los recién nacidos, el patrón pulsátil de GH, la cual es esencial para coordinar el desarrollo somático y neuroendocrino.

La secreción regular de GH favorece:

  • Crecimiento armónico en talla y peso, estimulando la proliferación y diferenciación de los condrocitos epifisarios;
  • Maduración de órganos y tejidos, promoviendo el desarrollo funcional de hígado, corazón, riñones y pulmones;
  • Reparación celular y metabolismo energético, aumentando la lipólisis, preservando la glucemia y favoreciendo la síntesis proteica;
  • Desarrollo musculoesquelético, estimulando la formación de masa muscular y la mineralización ósea.

La continuidad del sueño es un requisito fundamental para optimizar la secreción fisiológica de GH. El sueño fragmentado reduce los picos nocturnos, comprometiendo la regulación del crecimiento y alterando el equilibrio neuroendocrino. En particular, la privación del sueño NREM profundo puede provocar retrasos en el crecimiento, alteraciones de la síntesis proteica y disfunciones de la homeostasis energética, con posibles consecuencias duraderas sobre el metabolismo y la función neurocognitiva.

Además, la GH interactúa estrechamente con otros mediadores endocrinos, como la melatonina y la oxitocina, coordinando los procesos de crecimiento con los ritmos circadianos emergentes. La melatonina facilita la aparición del sueño profundo y, en consecuencia, potencia la pulsatilidad nocturna de GH, creando un ciclo neuroendocrino sinérgico indispensable para el desarrollo armónico cerebral y corporal del recién nacido.

Interacciones entre melatonina, GH y continuidad del sueño

La melatonina y la GH actúan en sinergia: la melatonina favorece el establecimiento de un sueño profundo y continuo, condición indispensable para la secreción pulsátil de GH. Este mecanismo endocrino constituye la base del crecimiento, del desarrollo neurológico y de la salud global del recién nacido, con efectos duraderos sobre la regulación metabólica y el bienestar fisiológico.

Mensajes clave:

  • La continuidad del sueño es esencial para el crecimiento y la maduración neuroendocrina del recién nacido.
  • La melatonina y la GH actúan de forma complementaria para optimizar el sueño, el crecimiento y el desarrollo cerebral.
  • Los ritmos circadianos maduran progresivamente desde el nacimiento hasta la primera infancia; el entorno y las rutinas desempeñan un papel decisivo.
  • Las intervenciones educativas tempranas dirigidas a los padres (rutinas de sueño, manejo de la luz y el ruido, observación de las señales de sueño) apoyan la salud neonatal.
  • El sueño continuo en los primeros meses mejora la oxigenación cerebral, la regulación hormonal y la función inmunitaria, influyendo positivamente en el desarrollo físico y emocional.
Enfoques y prácticas para promover el bienestar y la continuidad del sueño en el recién nacido

Promover un sueño de calidad en el recién nacido requiere la adopción de estrategias ambientales y conductuales coherentes con la fisiología de los ritmos circadianos en maduración.

  • Establecer rutinas coherentes, respetando las señales de sueño del bebé, para proporcionar referencias temporales estables que apoyen la maduración del sistema circadiano y reduzcan los episodios de vigilia fragmentada.
  • Exponer al recién nacido a la luz natural diurna mediante paseos y actividades al aire libre, favoreciendo la sincronización circadiana y la regulación del ciclo sueño–vigilia.
  • Evitar despertar al recién nacido o al lactante durante el sueño, preservando la continuidad del descanso y el adecuado ciclo de liberación de la hormona del crecimiento, esencial para el crecimiento somático, la maduración cerebral y la regulación metabólica.
  • Minimizar estímulos e interrupciones durante la noche, evitando ruidos repentinos, luces intensas o sobreestimulación sensorial, con el fin de proteger los picos nocturnos de melatonina y hormona del crecimiento.
  • Favorecer momentos de relajación y contacto físico con la madre, como abrazos, caricias y lactancia, fortaleciendo el vínculo afectivo, estimulando la liberación de oxitocina materna e infantil y modulando positivamente el estrés mediante la reducción de los niveles de cortisol.
  • Integrar paseos diarios y movimiento ligero, que apoyan la maduración fisiológica de los ritmos circadianos, promueven el bienestar general del bebé y mejoran la calidad del sueño nocturno.
  • Supervisar y corregir posibles factores que alteren el sueño, como la sobreestimulación o el ruido ambiental, creando un entorno seguro y predecible que consolide los ritmos circadianos emergentes.

El sueño continuo en los recién nacidos actúa como una intervención biológica preventiva fundamental para el crecimiento, la maduración neurológica y la salud global. La melatonina, a través de la regulación de los ritmos circadianos, y la hormona del crecimiento, a través del crecimiento y la regeneración tisular, constituyen los principales mediadores de este proceso. Promover rutinas adecuadas, entornos favorables y comportamientos educativos específicos permite optimizar los resultados neonatales y sostener un desarrollo fisiológico armónico y duradero.

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