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Artículos científicos

Bonding: el vínculo afectivo entre padres e hijo

FOCUS: El vínculo

Cada embarazo es una experiencia única e irrepetible, al igual que cada niño. El vínculo entre madre e hijo comienza a tomar forma muy precozmente, desde los primeros momentos en que dos corazones empiezan a latir dentro del mismo cuerpo.

El término bonding nace en Estados Unidos en 1982 y deriva de la palabra inglesa bond, que significa ligar, unir, vincular. Con este término se define el vínculo profundo de apego afectivo que se desarrolla entre el progenitor y su hijo, un vínculo que involucra dimensiones emocionales, físicas y relacionales y que acompaña al individuo a lo largo de toda su vida.

El inicio del vínculo antes y después del nacimiento

El apego materno comienza ya durante el embarazo. A través de la ecografía, que permite observar por primera vez al niño, y mediante la percepción de los movimientos fetales, la madre empieza a construir una relación afectiva con su hijo. Al mismo tiempo, el niño también entra en contacto con sus padres durante la vida intrauterina, reconociendo sus voces y ritmos emocionales.

El período inmediatamente posterior al parto representa, sin embargo, un momento crucial para la intensificación del bonding. La primera mirada, el contacto físico y la cercanía emocional dan origen a una relación profunda que se consolidará con el tiempo.

El bonding como necesidad primaria 

El bonding puede considerarse un instinto humano fundamental, que permite al recién nacido satisfacer necesidades primarias relacionadas no solo con la supervivencia física, sino también con la afectividad y la sensación de seguridad. Al mismo tiempo, facilita en los padres el establecimiento de una relación positiva y consciente con el recién nacido.

Este vínculo es el resultado de un amor recíproco que se construye a través de gestos de cuidado, interacciones cotidianas y atenciones constantes. Toma forma en los primeros momentos tras el nacimiento, cuando el recién nacido es colocado sobre el pecho desnudo de la madre (piel con piel). En esta fase intervienen diversos sentidos: el tacto, el olfato y la vista, que permiten al niño comenzar a reconocer a la madre.

Es importante subrayar que, en caso de que estos primeros momentos no puedan vivirse inmediatamente, el bonding puede desarrollarse igualmente con el tiempo. No existen reglas rígidas: el vínculo se construye día tras día, según las posibilidades y características de cada familia.

El papel de las hormonas y los sentidos 

Desde el punto de vista biológico, el bonding está sostenido por la presencia de la oxitocina, una hormona que favorece el apego y que se libera de forma significativa durante y después del parto.

El primer sentido implicado en la construcción del vínculo es el oído. El niño percibe el latido cardíaco y la voz de la madre ya durante la vida intrauterina, así como la del padre y de las personas cercanas. A través de la voz materna, el feto comienza a captar los estados emocionales de la madre. Volver a escuchar estos sonidos tras el nacimiento tiene un efecto tranquilizador para el recién nacido.

El tacto es el primer sentido que se desarrolla en el útero y es esencial para la supervivencia. La piel, el órgano más extenso del cuerpo, permite al recién nacido entrar en contacto con el mundo exterior. Actividades como el masaje infantil, gracias a toques rítmicos y delicados, favorecen la liberación de hormonas del bienestar y la reducción de aquellas relacionadas con el estrés.

El contacto cotidiano y la comunicación del recién nacido

El bonding se refuerza a través de los gestos cotidianos del cuidado neonatal, como el baño, el cambio de pañal y los momentos de atención y cuidado. Sostener al niño en brazos, percibir su olor y el contacto de su piel representa una experiencia altamente tranquilizadora para ambos.

El recién nacido aún no es capaz de autorregular completamente su temperatura corporal y, por lo tanto, se beneficia del contacto físico, que le ayuda a mantener una temperatura adecuada. En este sentido, el abrazo se convierte en una auténtica forma de cuidado, capaz de reducir el llanto, el estrés y las tensiones.

Desde el nacimiento, el niño dispone de instrumentos eficaces para comunicar sus necesidades y estimular la respuesta de cuidado: inicialmente el llanto, seguido de la sonrisa. Estos comportamientos, definidos como conductas de señalización, favorecen la cercanía del progenitor y refuerzan la relación afectiva.

El papel del padre en el bonding 

El padre también desempeña un papel central en la construcción del vínculo afectivo. El apego puede comenzar ya durante el embarazo, a través del contacto con el vientre materno, la participación en las visitas y la observación compartida de las ecografías.

La presencia del padre en el momento del nacimiento y su participación activa en el cuidado cotidiano —hablando al niño, cambiando pañales, bañándolo, acompañándolo en el sueño y participando en los momentos de cuidado— contribuyen de manera significativa al bonding.

Desde el punto de vista biológico y emocional, también en el padre se producen importantes cambios hormonales: el aumento de la oxitocina y la prolactina y la disminución de la testosterona favorecen la sensibilidad, la empatía y los comportamientos de cuidado. Este proceso permite al padre desempeñar un papel protector, de contención y educativo fundamental.

El bonding es un proceso dinámico y continuo, sostenido por factores biológicos, emocionales y relacionales. Se construye con el tiempo a través de la presencia, el cuidado y el amor cotidiano de los padres y representa una base esencial para el desarrollo emocional, relacional y psicológico del niño.