Artículos científicos
Manejo de la exposición a medusas, animales marinos, peces e insectos en el recién nacido y en el lactante hasta el primer año de vida
Durante la temporada de verano, el recién nacido y el lactante pueden entrar accidentalmente en contacto con organismos presentes en ambientes naturales, como el mar, lagos, ríos y zonas verdes. Medusas, peces dotados de estructuras venenosas, erizos de mar, insectos y otros artrópodos pueden causar reacciones en la piel que suelen curarse solas, pero en el niño durante los primeros doce meses de vida requieren un manejo prudente y adecuado a las características fisiológicas de su edad.
El recién nacido y el lactante se caracterizan por una piel en fase de maduración, con una capa córnea más fina que la del adulto, una función de la barrera protectora de la piel no desarrollada por completo, una composición de aceites y grasas naturales que protegen su piel, diferente y una respuesta inmunológica. Estas condiciones determinan una mayor susceptibilidad a los agentes irritantes, a las sustancias tóxicas contenidas en los venenos animales y a los procesos inflamatorios consecuentes al contacto con organismos ambientales. Además, la relación superficie corporal/peso es superior a la del adulto y la capacidad de comunicar dolor, picor o síntomas sistémicos es limitada. Por este motivo, incluso una reacción aparentemente circunscrita debe observarse con atención, especialmente cuando afecta a la cara, ojos, manos, genitales o amplias superficies cutáneas.
La prevención constituye el primer nivel de protección. En los primeros meses de vida, el contacto con ambientes naturales debe realizarse siempre bajo la supervisión de un adulto, priorizando zonas controladas, aguas monitorizadas y entornos en los que sea posible reducir el riesgo de exposición accidental.

Medusas y organismos marinos urticantes
Las medusas pertenecen al grupo de los Cnidarios y poseen células especializadas llamadas cnidocitos, que contienen estructuras microscópicas denominadas nematocistos (micro-agujas que disparan el veneno). Estos orgánulos permiten al animal defenderse y capturar presas mediante la liberación de filamentos capaces de inocular sustancias tóxicas en los organismos con los que entran en contacto.
Cuando un tentáculo entra en contacto con la piel del niño, los nematocistos pueden activarse liberando moléculas con actividad neurotóxica e inflamatoria. La respuesta biológica implica la estimulación de las terminaciones nerviosas cutáneas, la liberación de sustancias químicas del cuerpo que causan el picor y la inflamación responsables de los síntomas de la piel.
Las manifestaciones más frecuentes incluyen:
- dolor ardiente inmediato
- sensación de quemazón
- enrojecimiento
- edema
- habones
- lesiones lineales o figuradas correspondientes a la zona de contacto con los tentáculos.
En el lactante, el dolor puede reconocerse a través de cambios de comportamiento como llanto repentino, irritabilidad, agitación, dificultad para calmarse, alteraciones del sueño o rechazo temporal de la alimentación. En algunos casos pueden aparecer manifestaciones sistémicas como dificultad respiratoria, palidez, vómitos, alteración del estado de conciencia, flacidez muscular o reacciones alérgicas generalizadas. La aparición de estos síntomas requiere una evaluación médica urgente.

Manejo del contacto con una medusa
La conducta a seguir en caso de contacto con una medusa incluye una serie de fases que se indican a continuación:
- retirar al niño del agua, para interrumpir el contacto con el organismo marino y evitar nuevas exposiciones.
- evitar frotar la piel, porque el traumatismo mecánico puede favorecer la rotura de los nematocistos que quedan en la superficie cutánea, aumentando la liberación de sustancias irritantes.
- retirar cualquier fragmento de tentáculo con precaución, utilizando guantes, pinzas o instrumentos rígidos, evitando el contacto directo con la piel del adulto.
- enjuagar inicialmente con agua de mar, y no con agua dulce, ya que los cambios en la salinidad del agua pueden favorecer la activación de los nematocistos residuales.
- aplicar calor local controlado después de retirar los restos, utilizando agua caliente a una temperatura segura y compatible con la piel infantil. Esto puede contribuir a la reducción del dolor mediante la inactivación de algunos componentes de las toxinas.
En el lactante es necesario prestar especial atención a la temperatura del agua para evitar quemaduras. Se deben evitar los remedios tradicionales que carecen de pruebas científicas adecuadas, como la aplicación de orina, alcohol, amoniaco o sustancias irritantes. También debe evitarse el uso de arena o materiales abrasivos para eliminar los residuos.
Peces venenosos y picaduras marinas
Algunas especies marinas poseen estructuras anatómicas capaces de inyectar veneno a través de espinas o aguijones. Entre ellas, el pez araña es una de las especies implicadas con más frecuencia en incidentes en el entorno marino mediterráneo.
El veneno se introduce a través de la penetración de las espinas dorsales y provoca una respuesta caracterizada principalmente por un dolor intenso, a menudo inmediato, asociado a edema, enrojecimiento y aumento de la sensibilidad local. En el lactante, el dolor puede manifestarse con llanto persistente, agitación, dificultad para alimentarse o cambios en el comportamiento habitual.
El manejo incluye:
- retirar al niño del agua
- observación de la zona afectada y evaluación de la presencia de posibles cuerpos extraños
- aplicación de calor local controlado, ya que algunas toxinas de los peces venenosos son sensibles a las temperaturas elevadas, prestando siempre atención para evitar el riesgo de quemaduras en el niño pequeño
En caso de dolor persistente, presencia de espinas profundas, afectación de la cara, las manos o las articulaciones, está indicada una evaluación médica.
Erizos de mar y organismos dotados de púas
El contacto accidental con erizos de mar es un hecho bastante frecuente que requiere atención en su manejo para evitar complicaciones específicas.
La picadura provoca la penetración de las púas en la piel; estas, al ser frágiles, pueden fragmentarse y dejar restos en los tejidos.
La permanencia de material extraño puede provocar una respuesta inflamatoria persistente con dolor, hinchazón, enrojecimiento y formación de pequeños bultos por cuerpo extraño. En el lactante se deben evitar los intentos agresivos de extracción profunda de las púas. Los elementos fácilmente accesibles pueden retirarse con cuidado, mientras que los profundamente penetrados requieren evaluación médica.
Picaduras de insectos en el lactante
Durante el verano, las picaduras de insectos son un hecho frecuente en los niños pequeños. Mosquitos, tábanos, abejas, avispas y otros insectos pueden causar reacciones locales de diferente intensidad.
Los mosquitos provocan la reacción cutánea mediante la inyección de saliva que contiene sustancias que interfieren con la coagulación. El organismo del niño activa una respuesta inflamatoria local con la aparición de ronchas, enrojecimiento y picor. Este último no se expresa verbalmente, pero puede manifestarse con irritabilidad, llanto, dificultades para dormir y frotamiento de la zona afectada.
El manejo local incluye:
- limpieza suave de la piel
- aplicación de compresas frías
- prevención del rascado, para reducir el riesgo de sobreinfección bacteriana.
Abejas y avispas
Las picaduras de abejas y avispas requieren especial atención por la posibilidad de desarrollar tanto una reacción local como una respuesta alérgica sistémica.
La abeja suele dejar el aguijón en la piel, que debe retirarse rápidamente evitando apretarlo. La avispa, en cambio, puede realizar varias picaduras manteniendo la capacidad de inocular veneno. Tras la picadura se puede aplicar frío local, protegido por una tela, para reducir el dolor y la hinchazón.
En el lactante se deben monitorizar algunos signos de alarma:
- hinchazón de la cara o los labios
- dificultad respiratoria
- urticaria difusa (ronchas por todo el cuerpo)
- vómitos repentinos
- palidez marcada
- somnolencia anómala
- pérdida de conciencia
Estos síntomas requieren asistencia médica inmediata.
Prevención en el mar, el lago y actividades al aire libre
La prevención a través de comportamientos adecuados permite reducir significativamente el riesgo de accidentes.
- En el mar es aconsejable evitar el contacto con organismos marinos desconocidos, respetar las posibles señalizaciones relativas a la presencia de medusas y elegir zonas controladas. Durante las estancias en la playa se pueden utilizar prendas protectoras, camisetas anti-UV y sistemas de protección adecuados para cochecitos y sillas de paseo.
- En los lagos es necesario prestar atención a la calidad del agua, evitar zonas no controladas y tener en cuenta la presencia de insectos u organismos acuáticos.
La protección contra los insectos puede lograrse mediante mosquiteras para cochecitos y cunas, ropa ligera pero que cubra, eliminación del agua estancada y reducción del uso de perfumes intensos. El uso de repelentes cutáneos en niños menores de un año debe evaluarse con prudencia y según las indicaciones específicas del producto y del pediatra.
Conclusiones
En el recién nacido y en el lactante hasta los doce meses de vida, el contacto con medusas, organismos marinos, peces venenosos e insectos requiere un enfoque basado en la prevención, en el conocimiento de los mecanismos biológicos de las reacciones y en el manejo correcto del evento. La piel infantil, aún en fase de maduración, y la limitada capacidad del niño para comunicar los síntomas hacen necesario un enfoque prudencial. La protección física, la supervisión continua del adulto, la elección de entornos seguros y el reconocimiento precoz de los signos de alarma permiten reducir los riesgos y garantizar una experiencia estival más segura en los primeros meses de vida.
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