Artículos científicos
La misión de la pareja en la promoción del bienestar y de los resultados materno-infantiles a lo largo del proceso de nacimiento
La participación activa de la pareja durante el embarazo y a lo largo del proceso de acompañamiento al nacimiento constituye un determinante clínico y relacional de gran relevancia para la promoción del bienestar materno, fetal y familiar. En este contexto, el rol de la pareja se configura como una función compleja y multidimensional, que integra las dimensiones de compañero, esposo y futuro padre, adquiriendo un valor estructural en la construcción de la experiencia parental.

La evidencia internacional y las guías de referencia, incluidas las de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2018) y el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG, 2023), documentan que un apoyo de la pareja estructurado, continuo y consciente contribuye de manera significativa a la modulación del estrés materno y de la ansiedad perinatal, mejorando la adherencia a las recomendaciones clínicas y a las medidas preventivas a lo largo de todo el embarazo. Estudios observacionales indican que hasta el 65% de las gestantes refieren mayor serenidad, seguridad y sensación de protección cuando cuentan con una pareja activamente involucrada en las visitas prenatales y en los momentos de toma de decisiones, con efectos positivos sobre la adherencia a cribados, vacunaciones y estilos de vida saludables.
Dimensiones relacionales y parentales de la pareja
En su rol de compañero, la pareja representa una presencia emocionalmente reguladora y constante, capaz de ofrecer escucha, contención afectiva y continuidad relacional durante una fase de profunda transformación psicofísica de la mujer.
Como miembro de la pareja, participa activamente en la reorganización de los equilibrios familiares y domésticos, apoyando a la mujer en decisiones clínicas y logísticas y contribuyendo a la construcción de un proyecto parental compartido, basado en la corresponsabilidad, la confianza y una comunicación eficaz.
En el rol de futuro padre, la participación en el proceso de nacimiento favorece una identificación paterna temprana y una preparación consciente para la parentalidad, con efectos positivos sobre la calidad de la relación progenitor–hijo y sobre la competencia educativa en el período postnatal.
El impacto del apoyo paternosistema de retención
Desde el punto de vista fisiopatológico, la presencia constante y tranquilizadora de la pareja ejerce un efecto modulador sobre los sistemas neuroendocrinos maternos, en particular sobre el eje hipotálamo–hipófisis–suprarrenal, contribuyendo a la reducción de la secreción de cortisol y catecolaminas. Esta regulación favorece un mejor equilibrio del tono uterino, una optimización de la perfusión placentaria y una mayor regularidad de la actividad contráctil, con la consiguiente mejora de la oxigenación fetal. Estas adaptaciones fisiológicas se han asociado con una reducción del riesgo de complicaciones gestacionales como hipertensión, preeclampsia y diabetes gestacional, así como con un aumento de la probabilidad de parto fisiológico espontáneo, reduciendo la necesidad de intervenciones obstétricas invasivas.
Continuidad del involucramiento desde el período prenatal hasta el posparto
La participación paterna se concreta a través de modalidades clínicamente y operativamente relevantes que se extienden más allá del período prenatal, incluyendo el involucramiento activo en programas educativos postparto. En esta fase, el padre adquiere competencias prácticas y conocimientos teóricos fundamentales para el manejo cotidiano del recién nacido, reforzando el sentido de autoeficacia parental y favoreciendo una distribución equilibrada de los roles de cuidado dentro de la pareja. Los programas educativos postnatales constituyen un contexto privilegiado para la enseñanza de los cuidados primarios del recién nacido, que incluyen la higiene diaria, el cambio de pañal, el baño, el cuidado del cordón umbilical, el reconocimiento de señales de hambre y malestar, la gestión del sueño y la prevención de los principales riesgos domésticos.
Paralelamente, la implicación de la pareja en la preparación del entorno doméstico y de la habitación del bebé adquiere un valor no solo logístico, sino también simbólico y relacional. El diseño de un ambiente seguro, funcional y adecuado al desarrollo del recién nacido favorece la continuidad de los cuidados desde el lugar de nacimiento hasta el domicilio, reduce la ansiedad parental y promueve una adaptación familiar más serena. Esta preparación incluye la organización de los espacios para el descanso, el cambio y la alimentación, la selección de mobiliario y materiales conformes a los estándares de seguridad y la creación de un entorno doméstico protector y acogedor.
Otro ámbito de relevancia clínica y preventiva es la formación de la pareja en el uso correcto del sistema de retención infantil (SRI) para el primer traslado del recién nacido desde el centro de nacimiento al hogar. La preparación anticipada del sistema, su instalación conforme a la normativa vigente y la adquisición de competencias prácticas para la correcta colocación del bebé constituyen intervenciones de prevención primaria fundamentales para la seguridad neonatal. La implicación directa del padre en esta fase refuerza la responsabilización parental y reduce el riesgo de errores en el uso del sistema, identificados como una de las principales problemáticas en los primeros días de vida.
Presencia y función de la pareja durante el trabajo de parto y el nacimiento
Durante el trabajo de parto y el nacimiento, la presencia activa de la pareja facilita la modulación de la respiración materna, la adopción de posiciones fisiológicas, la gestión del dolor no farmacológico y una comunicación eficaz con el equipo obstétrico, contribuyendo a reducir la percepción de fatiga, ansiedad y estrés psicofisiológico.
En el período postparto, la continuidad del apoyo paterno favorece la consolidación del vínculo madre–bebé, apoya el inicio y el mantenimiento de la lactancia materna y reduce el riesgo de malestar emocional materno.
Los datos epidemiológicos indican que una implicación paterna estructurada y continua en el proceso de nacimiento se asocia con resultados neonatales y familiares favorables, incluyendo un aumento de la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, una mayor estabilidad emocional del bebé, un desarrollo psicomotor más armónico y una mayor satisfacción materna con respecto a la experiencia del parto y del postparto. La participación de la pareja refuerza además la cohesión familiar y favorece una transición a la parentalidad más equilibrada y resiliente.
La participación activa del padre, entendida en su triple dimensión de compañero, esposo y padre, y desarrollada a lo largo de todo el continuo prenatal y postnatal, representa una intervención basada en la evidencia capaz de mejorar de forma significativa los resultados maternos, neonatales y familiares. La integración de programas educativos, apoyo emocional, preparación práctica y corresponsabilidad parental promueve un modelo de atención centrado en la familia, seguro, consciente y respetuoso de la fisiología, en línea con las recomendaciones internacionales más actualizadas.
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