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Artículos científicos

La leche materna: un sistema complejo para la nutrición neonatal

FOCUS: Lactancia
ESTE ARTÍCULO PERTENECE AL PRINCIPIO DEL BIENESTAR DEL BEBÉ: El mejor alimento desde el principio

La lactancia materna es la expresión de un proceso evolutivo complejo y refinado que integra y armoniza las necesidades neurobiológicas, microbiológicas, epigenéticas, psicológicas, afectivo-emocionales y nutricionales del recién nacido. La importancia de la leche materna es indiscutible y se basa en dos aspectos fundamentales: su composición y su capacidad para proporcionar protección contra infecciones. Desde el punto de vista de su composición, la leche materna es un alimento perfecto y específico para el recién nacido, ya que contiene exactamente los nutrientes necesarios para su desarrollo, tanto en cantidad como en calidad. Esta composición está en constante evolución para adaptarse a las necesidades cambiantes del bebé, convirtiendo la lactancia materna en un recurso nutricional dinámico y personalizado.
En cuanto a la protección contra infecciones, la leche materna actúa en dos niveles. En primer lugar, gracias a los anticuerpos y otros agentes antiinfecciosos presentes en su composición, proporciona al recién nacido una protección directa contra patógenos e infecciones. En segundo lugar, favorece el desarrollo de una microbiota intestinal sana y equilibrada, crucial para la construcción de un sistema inmunológico fuerte. Esto ayuda a fortalecer las defensas naturales del bebé, reduciendo el riesgo de enfermedades y promoviendo un crecimiento saludable.

Principales componentes de la leche materna

La leche materna, como fuente fundamental de nutrición para el recién nacido, presenta una composición altamente especializada y optimizada para satisfacer las necesidades fisiológicas y metabólicas del bebé. Su estructura incluye una amplia variedad de nutrientes esenciales para el crecimiento, el desarrollo y la protección contra infecciones. Su equilibrio está compuesto por agua, proteínas, lípidos, carbohidratos, vitaminas y minerales.

Agua y contenido energético

La leche materna está compuesta aproximadamente en un 87% de agua, lo que garantiza una hidratación adecuada del bebé. El agua desempeña un papel crítico en los procesos fisiológicos de desintoxicación, producción celular y equilibrio de las pérdidas fisiológicas, como las que ocurren a través de la orina y la sudoración.

El contenido calórico de la leche materna es de aproximadamente 700 calorías por litro, lo que proporciona la energía suficiente para respaldar los procesos metabólicos y el crecimiento del bebé en sus primeros meses de vida.

Proteínas: apoyo al crecimiento y desarrollo

Las proteínas de la leche materna son esenciales para el correcto desarrollo tisular del recién nacido. Entre las principales proteínas se encuentran la caseína, que contribuye a la formación de la estructura ósea y dental, y las proteínas del suero, que apoyan el crecimiento muscular y la funcionalidad del sistema inmunológico. La lactoferrina, una glicoproteína, es fundamental para el transporte del hierro, mientras que las inmunoglobulinas A (IgA) proporcionan una protección inmunológica mediante la formación de una barrera protectora en la mucosa intestinal, reduciendo la permeabilidad a patógenos y antígenos extraños.

Azúcares: energía y protección microbiológica

La leche materna contiene aproximadamente 70 gramos de azúcares por litro, siendo la lactosa su principal componente. La lactosa no solo es una fuente inmediata de energía, sino que también favorece el crecimiento de lactobacilos, que acidifican el entorno intestinal y previenen la proliferación de patógenos. Además, la lactosa desempeña un papel importante en el aumento de la absorción de calcio, un mineral esencial para la mineralización ósea.

Grasas: fuentes esenciales de energía y nutrientes

Los lípidos en la leche materna están compuestos predominantemente por triglicéridos, que representan una fuente primaria de energía. Estas grasas incluyen tanto ácidos grasos saturados como insaturados, entre ellos el ácido araquidónico (AA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), ambos cruciales para el desarrollo del sistema nervioso y la maduración de la visión. El ácido araquidónico y el DHA están asociados con mejoras en las funciones cognitivas y visuales en los recién nacidos. Además, los lípidos liposolubles transportan vitaminas esenciales como la vitamina A, D, E y K, favoreciendo su absorción intestinal y contribuyendo a la regulación de los procesos metabólicos.

Vitaminas: apoyo al metabolismo y al sistema inmunológico

La leche materna proporciona una gama completa de vitaminas, esenciales para el crecimiento y desarrollo óptimo del recién nacido. La vitamina D, crucial para la absorción del calcio, es fundamental para el mantenimiento de huesos y dientes sanos. Por otro lado, la vitamina K, presente en altas concentraciones, desempeña un papel preventivo contra las hemorragias neonatales. La vitamina C, además de favorecer la absorción del hierro, juega un papel significativo en el fortalecimiento del sistema inmunológico, mejorando la respuesta a los agentes patógenos.

Sales minerales y oligoelementos: esenciales para el desarrollo físico

La leche materna, aunque contiene una cantidad relativamente baja de sales minerales (aproximadamente 2 gramos por litro), proporciona un equilibrio óptimo de calcio, fósforo y flúor, esencial para el desarrollo del sistema óseo y dental. El hierro en la leche materna es altamente biodisponible, con una tasa de asimilación que varía entre el 20% y el 40%, considerablemente superior a la de la leche de vaca y las fórmulas enriquecidas con hierro. El hierro presente en la leche materna es transportado activamente por la lactoferrina, una glicoproteína que desempeña un papel crucial en el proceso de transporte y absorción del hierro. Gracias a este mecanismo de transporte mediado, la eficiencia en la absorción del hierro es notablemente superior, alcanzando alrededor del 50%, en comparación con la baja asimilación del hierro en la leche de vaca (aproximadamente 10%) y en las fórmulas infantiles (apenas 4%). Además, las altas concentraciones de vitamina C y lactosa en la leche materna favorecen aún más la absorción del hierro, mejorando su biodisponibilidad. La vitamina C actúa como un potente agente reductor, facilitando la conversión del hierro férrico (Fe³⁺) en hierro ferroso (Fe²⁺), una forma química más fácilmente absorbible a nivel intestinal. Al mismo tiempo, la lactosa contribuye a la creación de un ambiente intestinal óptimo para la máxima absorción de este micronutriente, apoyando así la correcta hematopoyesis y el desarrollo fisiológico del recién nacido. Otros oligoelementos, como el zinc, el cobre y el manganeso, están presentes en la leche materna en formas más biodisponibles que en las fórmulas infantiles, contribuyendo al fortalecimiento del sistema inmunológico y al correcto funcionamiento enzimático.

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