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Artículos científicos

Alergias e hipersensibilidad: cuando el recién nacido habla con su cuerpo

FOCUS: Alergias
ESTE ARTÍCULO PERTENECE AL PRINCIPIO DEL BIENESTAR DEL BEBÉ: Cuidados y atención amorosa

Con la llegada de la primavera y los días más largos, el primer sol que calienta el aire invita a pasar tiempo al aire libre, tal vez dando un paseo por el parque. Sin embargo, para algunos, esta época del año trae consigo ciertos peligros, entre ellos, las alergias. Estas reacciones del sistema inmunológico, desencadenadas por sustancias fisiológicamente inofensivas como el polen o el polvo, pueden representar un riesgo incluso para los recién nacidos. De hecho, las alergias no son fenómenos exclusivos de los adultos, sino que pueden manifestarse desde los primeros meses de vida, abarcando una variedad de respuestas inmunológicas que merecen atención y prevención.

Alergias neonatales y el sistema inmunológico

La alergia, en particular aquella que afecta a los recién nacidos, ocurre cuando el sistema inmunológico reacciona de manera anormal a sustancias que, fisiológicamente, no deberían causar ninguna reacción (como el polvo, el polen, los ácaros del polvo o el pelo de los animales). En los neonatos, el sistema inmunológico aún está en desarrollo y no ha adquirido completamente la capacidad de diferenciar entre sustancias dañinas e inofensivas. Esto puede provocar reacciones alérgicas incluso en los primeros meses de vida, aunque los síntomas pueden variar y no siempre ser inmediatamente reconocidos.

La diferencia entre alergias, intolerancias e hipersensibilidad radica en las causas y mecanismos de respuesta del organismo ante determinados agentes o sustancias. Aunque los términos suelen usarse indistintamente, cada uno describe un fenómeno distinto que involucra al sistema inmunológico de manera diferente.

  1. Alergias

Las alergias son respuestas inmunitarias anormales a sustancias generalmente inofensivas, como el polen, los ácaros del polvo, ciertos alimentos o medicamentos. En un individuo alérgico, el organismo identifica erróneamente una sustancia como dañina y reacciona activando la liberación de histamina y otras sustancias químicas, causando síntomas típicos como eritema, picazón, hinchazón, dificultad para respirar e incluso shock anafiláctico en casos graves. Las alergias son mediadas por el sistema inmunológico, específicamente a través de una reacción de tipo IgE, en la cual los anticuerpos IgE reconocen el alérgeno y desencadenan una respuesta inmediata.

  1. Intolerancias

Las intolerancias son reacciones no inmunológicas que ocurren cuando el organismo no puede digerir o metabolizar correctamente una sustancia, generalmente un alimento o un componente alimenticio. Su causa principal está relacionada con la falta de enzimas necesarias para procesar dicha sustancia, como en el caso de la intolerancia a la lactosa, donde la enzima lactasa es insuficiente. Los síntomas más comunes de la intolerancia incluyen problemas gastrointestinales como hinchazón, diarrea o calambres abdominales, pero no provocan daños permanentes como las alergias. A diferencia de estas, la intolerancia no involucra al sistema inmunológico.

  1. Hipersensibilidad

La hipersensibilidad se refiere a una respuesta del organismo más intensa de lo normal, pero no necesariamente causada por una alergia. Puede verse como una reacción exagerada o inapropiada a estímulos que no deberían desencadenar una respuesta. La hipersensibilidad puede manifestarse de diversas maneras:

  • Hiperreactividad: el organismo reacciona de manera excesiva o desproporcionada a un alérgeno, pero sin una alergia propiamente dicha.
  • Otras respuestas inmunológicas: la hipersensibilidad también puede ser síntoma de una reacción inmunitaria que no es estrictamente alérgica, pero que implica una respuesta exagerada a determinadas sustancias.
Herencia y predisposición a las alergias

Las alergias no son una patología hereditaria directa, pero se “hereda” la predisposición a desarrollarlas. En otras palabras, si uno o ambos progenitores son alérgicos, el recién nacido puede tener una mayor probabilidad de desarrollar sensibilidad alérgica. Aunque la herencia no determina la manifestación de la alergia, la presencia de antecedentes familiares aumenta significativamente el riesgo, haciendo que el sistema inmunológico sea más susceptible a reaccionar ante sustancias que de otro modo serían inofensivas.

Factores ambientales e incidencia de la alergia neonatal

Además de la predisposición genética, existen factores ambientales que pueden jugar un papel crucial en la aparición de alergias en los recién nacidos. La exposición a contaminantes atmosféricos, sustancias químicas y partículas en suspensión puede alterar el funcionamiento del sistema inmunológico, predisponiendo a los bebés a desarrollar reacciones alérgicas.

Un ejemplo claro de cómo los factores ambientales influyen en la aparición de alergias es la propagación del polen de la ambrosía en los últimos 20 años, una planta que libera un polen altamente alergénico. Este fenómeno ha provocado un aumento de las alergias, incluso en personas que anteriormente no las sufrían, incluidos los niños.

Algunas sustancias químicas comunes en el hogar, como productos de limpieza, pesticidas, pinturas y materiales de mobiliario, pueden ser dañinas para los recién nacidos. Sustancias como el amoníaco, los ftalatos, el formaldehído y el BPA pueden causar irritaciones, problemas respiratorios, alteraciones hormonales y neurotoxicidad. Para proteger al bebé, es fundamental elegir productos ecológicos, evitar la exposición al humo del tabaco y optar por materiales seguros como el vidrio o el acero inoxidable. Controlar el ambiente doméstico reduce la exposición a estas sustancias y garantiza un entorno seguro.

Manifestación de alergias en los recién nacidos

En los neonatos, los síntomas de alergia pueden variar, pero suelen incluir eccema, picazón, congestión nasal y dificultades respiratorias. Estos signos pueden confundirse fácilmente con otras afecciones comunes en los primeros meses de vida, como el resfriado o la irritación de la piel. Sin embargo, es crucial reconocer a tiempo las manifestaciones alérgicas para intervenir adecuadamente.

Prevención y manejo de las alergias neonatales

El manejo de las alergias en los recién nacidos requiere un enfoque temprano y cuidadoso, ya que su sistema inmunológico aún está en desarrollo y es particularmente susceptible. Un aspecto clave en la prevención de las alergias neonatales es la vigilancia del entorno doméstico. Es esencial minimizar la exposición a posibles alérgenos que puedan desencadenar reacciones en el bebé. En familias con antecedentes de alergias, la predisposición es mayor, por lo que la adopción de medidas preventivas se vuelve aún más importante.

Entre las estrategias de prevención, la limpieza frecuente del hogar es fundamental para reducir la acumulación de alérgenos en el aire y las superficies. Además, el uso de tejidos naturales como algodón, lana y bambú, que respetan las delicadas necesidades de la piel neonatal, puede ayudar a mantener la integridad de la barrera cutánea, reduciendo el riesgo de dermatitis alérgicas. Estos materiales son ideales para proteger la piel del bebé de irritaciones y reacciones alérgicas provocadas por el contacto con materiales sintéticos.

Mantener una temperatura ambiental adecuada en casa es crucial para el bienestar del recién nacido. Una temperatura entre 19 y 21 grados Celsius es ideal, ya que favorece una respiración regular, garantiza un descanso de calidad y apoya el desarrollo físico y neurológico del bebé. Un ambiente demasiado caliente o frío puede afectar la termorregulación del neonato, provocando dificultades respiratorias o problemas en el sueño. Además, mantener una temperatura controlada ayuda a reducir el riesgo de alergias respiratorias, limitando la proliferación de polvo y ácaros que prosperan en ambientes cálidos y húmedos.

La consulta pediátrica temprana es esencial para un diagnóstico oportuno de las alergias neonatales. Un pediatra experimentado puede identificar rápidamente signos de sensibilización y establecer un plan de tratamiento adecuado, que puede incluir terapias farmacológicas, como antihistamínicos, o mejoras en la calidad del aire doméstico, como el uso de deshumidificadores o purificadores de aire, que contribuyen a reducir la presencia de alérgenos en el entorno.

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